miércoles, 25 de agosto de 2010

Apostol Billy Bunster - La Restauracion Del Tabernaculo De David Parte V

Si hay algo que debemos restaurar en este tiempo, es el arrepentimiento, la humillación; pero de todo corazón. Cuando vemos el mundo a nuestro entorno, nos convencemos cada vez más de que Cristo viene pronto.

CRISTO EL RESTAURADOR DE BRECHAS
Entonces pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; cuando él abra, nadie cerrará, cuando él cierre, nadie abrirá. (Isaías 22:22 LBLA)
¿Dónde está Cristo? Él dijo que así como el Padre está en Él, y Él está en el Padre, así también Él está en nosotros y nosotros en Él; en el corazón; pero debemos cuidar de que si lo llevamos en el corazón, también lo debemos llevar en los ojos, en los oídos, en la boca, para cuidarnos de lo que estamos viendo, de lo que estamos escuchando y de lo que estamos hablando.
Y escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: "El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre, dice esto: 'Yo conozco tus obras. Mira, he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar, porque tienes un poco de poder, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre. (Apocalipsis 3:7-8 LBLA)
Pero debemos llegar a esto:
"Restauraré el bienestar de Judá y el bienestar de Israel y los reedificaré como eran al principio. (Jeremías 33:7 LBLA)
Cuatro cosas necesitamos para el Tabernáculo: levantarlo, cerrar brechas, reparar lo muros y restaurar. La etapa de restaurar es la que estamos viviendo, pero Dios no quiere restaurar a nuestra manera, sino de acuerdo a Sus propósitos. Cuando volvemos a ver la cita del libro de Amos 9:11, la cita base para el desarrollo de este estudio, podemos notar que restauraría el Tabernáculo como al principio, y cuando analizamos esa palabra: principio, en el idioma hebreo, vemos que significa: Olam, y esa palabra significa: eternidad; eso nos habla entonces que debemos saber cómo es la restauración que hubo en la eternidad para que logremos agradar el corazón de Dios, que podamos restaurar a Su manera y no a la nuestra, y buscar la forma de permanecer siempre en Su presencia; quizá hablando en lenguas, en esos momentos en los que nos encontramos en silencio, debemos buscar la forma de atraer Su presencia como en el Olam; porque cuando lleguemos al cielo, debemos entrar en un ambiente para agradar a Dios, debemos esforzarnos por encontrar esa forma en la que podemos agradar el corazón de Dios.
Debemos pedirle a Dios que nos convierta verdaderamente en un ser productivo en Su obra, porque existen cristianos improductivos, los cuales son los que no dan fruto. Es por eso que debemos buscar la restauración del Tabernáculo de David, pero no a la manera de David sino, como se hizo en el Olam. Dios desea restaurar nuestra vida como en el principio, para que vivamos cantándole como en nuestro primer amor con El. Si tenemos hijos, debemos poner nuestra mano en su cabeza para bendecirlos y que todo les vaya bien; como un día lo hicimos cuando estaban recién nacidos quizá; como al principio.
Porque tú, oh SEÑOR de los ejércitos, Dios de Israel, has revelado a tu siervo, diciendo: "Yo te edificaré casa"; por tanto, tu siervo ha hallado ánimo para elevar esta oración a ti. (2 Samuel 7:27 LBLA)
Dios quiere tabernaculizar en nosotros y que vivamos bajo Sus principios y prácticas y que no digamos que iremos a la casa de Dios, porque nosotros somos Su casa. Un Tabernáculo fructífero es un Tabernáculo lleno de frutos, a ese nivel debemos pedirle que nos convierta; si tenemos la teoría de muchos estudios y predicaciones de nuestro pastor; es hora de pedirle a Dios que nos de la práctica, porque nadie que no haya estado en varias cuevas de Adulam, podrá restaurar como al principio; porque la tarea de restaurar es solo para valientes, es solo para los íntimos, para los cercanos, para aquellos que saben, dónde reposa el Señor. Dios espera que nosotros le edifiquemos Su Tabernáculo con nuestra vida; por simple que se vea nuestro cuerpo, es ahí donde habitará y parte de nuestra responsabilidad es que no permitamos que una palabra que no debimos pronunciar o una actitud que no debimos tener con alguien, nos vaya a quitar la santidad que Dios busca en nosotros.
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