lunes, 17 de agosto de 2015

Sonia Luna - Principios Para Una Familia Estable




Cuando leemos sobre el inicio de la vida de Jesús, vemos que el Padre celestial honra tanto a la familia que incluso a Su Hijo le dio una. Por ello, nuestro Salvador nació y creció con una madre y un padre a quienes honró.[1] Sabemos que la familia es la base de la sociedad, por lo tanto, cada sociedad es reflejo de los hogares que la conforman, así que todo el bien y el mal de una sociedad empieza en el hogar. Entonces, ¡es importantísimo tener hogar y familia! Y Dios nos enseña cómo tener un buen hogar.


Durante estos años junto a mi esposo y mis hijos, he identificado seis principios y normas de conducta que nos han ayudado a convivir en familia. El primero es aceptarse unos a otros. Cada uno de nosotros es especial obra del Señor, y debemos aprender a aceptarnos, además de aceptar a los demás, especialmente a los integrantes de nuestra familia. No busquemos cambiar a la pareja, sino que mutuamente ayudémonos a crecer en todos los aspectos de la vida. Dios nunca estuvo interesado en que fuéramos iguales, por eso nos creó diferentes. Recuerdo que la primera vez que vi jugar voleibol a Cash, aún sin conocerlo, dije: “Qué bien juega ese chinito”. Luego, dos años después, al verlo en la iglesia, le hablé y de esa forma comenzamos a conocernos. Para encontrar a tu pareja, con quien iniciarás una familia, no esperes que el Espíritu Santo te revele misteriosamente y con lujo de detalles  quién será la persona ideal, porque Él nos guía, pero nosotros debemos actuar. Y cuando conozcamos a esa persona con quien sabemos que podemos vivir porque nos integramos y complementamos, debemos aceptarla como es. Dios la diseñó, por lo que tiene cualidades y también defectos, pero te aseguro que la escogiste por alguna razón. El Señor te dio la pareja adecuada para ti. No es casualidad que se encontraran y decidieran unirse. Según los psicólogos, las fortalezas de la otra persona son las exactas para equilibrar nuestras debilidades, por eso se dice que los opuestos se atraen. A mí me fascinó que Cash fuera tan seguro de sí mismo, quizá porque yo era algo insegura.

El segundo principio para una buena relación familiar es buscar una vida equilibrada y dedicada al servicio del Señor.  Claro que todos avanzamos en nuestro proceso de formación a diferente ritmo, pero una persona que busca equilibrio en su vida, logrará relacionarse en familia con más facilidad. En nuestro caso, mi esposo comenzó a predicar inmediatamente después de conocer al Señor, aunque yo fui poco a poco. Si tu cónyuge no desea hablar de la Biblia, ¡ten paciencia e intercede, porque Dios hará la obra! Así que busca llevar una vida equilibrada, haz ejercicio, medita la Palabra, dedícale tiempo a tu trabajo y también a tus seres queridos. Si no buscamos ese crecimiento integral, seremos como fenómenos, muy desarrollados en ciertas áreas, pero pequeños en otras, como esos dibujos animados que tienen más grande la cabeza, los brazos o las piernas. Si lo analizamos, el diseño de Dios para nuestro cuerpo nos enseña sobre crecimiento integral. Busquemos desarrollarnos en nuestras diversas áreas: espíritu, cuerpo, mente y emociones.

Colosenses nos habla de una vida equilibrada que agrada a Dios y lleva frutos porque crecemos en Él, quien nos fortalece. ¡Luchemos por nuestro gozo y seamos agradecidos en todo momento![2] De esa forma logramos equilibrio. Recuerdo que durante algunos años, a veces yo debía esperar a que Cash llegara a traerme para ir a comprar las cosas de la casa. Nuestros recursos era limitados, pero disfrutábamos de la vida. Compraba algunas cosas como frutas y verduras en el mercado, y los abarrotes y cuestiones de limpieza, en el supermercado. La vida siempre va cambiando y buscar el equilibro es un reto, pero lograrlo nos ayuda a ser felices.

El tercer principio a tomar en cuenta es la sinceridad. Siempre debemos hablar con la verdad, ya que el padre de la mentira es el diablo, y no debemos permitir que se apodere de lo que nos pertenece: una vida familiar en comunión, estable y feliz[3]. En casa, con mi esposo y mis hijos, hemos procurado una sincera comunicación, lo que nos ha facilitado la confianza. Todos hablamos con la verdad, por difícil que sea. Siempre me he preocupado por contarle a mi esposo en dónde y con quién estoy, de esa forma se fortalece nuestra relación y no hay espacio para dudas o inseguridad. Esto debe suceder en todas las etapas del matrimonio, cuando inician su vida juntos y también cuando ya tienen mucho tiempo de casados, ya que a veces, esto se va perdiendo y la relación se debilita. No ocultes nada, para evitar la desconfianza. Hablemos con la verdad. La Palabra asegura que la verdad nos hace libres, porque no hay esclavitud más terrible que mantener una mentira, especialmente en la relación de pareja y de familia.

El cuarto principio que nosotros hemos procurado es tener pasión, es decir, desear y luchar por mantenernos unidos sirviendo al Señor. Ambos, mi esposo y yo lo deseábamos desde jóvenes, porque Dios nos cautivó. Incluso, Cash en una oportunidad me dijo que no me casara con él porque no sabía a dónde lo enviaría el Señor, pero yo le dije que no importaba porque mi deseo de servir a Dios era tan intenso con el suyo, así que a donde nos llevara estaría bien. Nuestro Padre trató conmigo para comprometerme con Guatemala y para creer en el matrimonio, así que a partir de ese momento, mi mente y mi corazón están dedicados con pasión a Dios y a mi familia. Te aseguro que entregarte completamente por ellos producirá frutos de bien.

El quinto principio es tener dominio propio, hacernos responsables por lo que pensamos y hacemos. Si tomamos una mala decisión, debemos saber que puede haber consecuencias. Si ofendemos, debemos pedir perdón. Al inicio nos cuesta incluso decirlo, pero luego, poco a poco, es más fácil. Es posible alcanzar la humildad que nos conduce a una vida familiar feliz.

El sexto principio es perseverar haciendo lo correcto, perseverar en el temor a Dios y en las buenas obras. Apliquemos a nuestra vida los principios bíblicos que nacieron del corazón de Dios y que nos marcan para ser nuevas personas en Cristo Jesús, y veremos los logros que anhelamos en nuestro matrimonio y familia. Permanezcamos, siendo firmes en nuestro pensar y actuar de acuerdo a lo que Dios quiere, ya que Sus planes son mejores que los nuestros[4]. No seamos de doble ánimo e inconstantes. Seamos firmes en nuestra fe y en nuestra conducta, no como las olas del mar que suben y bajan. Comprometámonos con el proceso de trabajar por la felicidad de nuestra familia y acercarnos al Señor. Si dices: “Iremos todos los fines de semana a escuchar la Palabra de Dios”, ¡hazlo y verás la bendición de tus generaciones! La falta de compromiso y perseverancia genera confusión que perjudica nuestra vida en todo sentido. El éxito se logra cuando persistimos y somos constantes.

Dios nos ofrece clarísimas instrucciones para ejercer nuestro papel en la familia. En Efesios dice que debemos someternos unos a otros. Hay instrucciones para la esposa y para el esposo, porque todo tiene un orden. Sometámonos unos a otros. Si buscamos la individualidad, si somos egoístas, la vida en familia y en sociedad será un martirio, pero estamos diseñados para complementarnos, así que aprovecha tus cualidades y aprende a superar tus debilidades para beneficio de todos los que te rodean. La obediencia y la sujeción son valores que Dios nos enfatiza, ya que sin ellos es imposible ser feliz en familia.

Si quieres alcanzar la plenitud en tu hogar, acércate al Señor y Él te enseñará cómo lograrlo. Su Palabra es luz para esta y todas las áreas de nuestra existencia. Atrévete, da el primer paso y Él enderezará los siguientes pasos, ya que nuestra vida en Cristo es como luz de la aurora que va en aumento, a nivel personal y en familia. Dile: “Padre te damos gracias porque nos muestras que la vida familiar es Tu voluntad, por lo que deseas  tratar con nuestro hogar. Transfórmanos, ayúdanos a tener mejor comunicación entre nosotros y contigo. Gracias, Señor, trae perdón, sabiduría y renovación a nuestro hogar. Yo creo que veré milagros en mí, en mi cónyuge y en mis hijos. Amén.



Versículos de Referencia:

[1] Mateo 1:18 dice: El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.

[2] Colosenses 1:10-14 comparte: Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.



[3] 1 juan 1:6-7 enseña: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.



[4] Juan 15: 10-11 explica: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
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