martes, 23 de junio de 2015

Otoniel Font - Al Son del Cielo




A lo largo de nuestra vida, el enemigo va a querer utilizar la influencia de ciertas personas, para tratar de controlar nuestras percepciones y, por lo tanto, controlar nuestras decisiones. Hay gente que el enemigo va a traer, en ciertos momentos, para hacerte ver cosas que tú nunca habías visto, para llevarte a mirar las cosas de una manera diferente.


En Daniel 3:8, en adelante, dice la palabra del Señor que algunos varones caldeos fueron ante Nabuconodosor, señalando a Sadrac, Mesac y Abed-nego, por no postrarse ante la estatua del dios que rey había construido. Nabuconodosor los mandó a llamar y les cuestionó esto, preguntando si estaban dispuestos a postrarse ante aquella estatua al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música.

No bailes al son de la música de otro. Que nadie te haga bailar al son de una música diferente de aquella que tú tienes que bailar.

Tiene que llegar un momento en que, por encima de la amenaza a la que te expongas, determines que aquellos que quieren hacerte bailar al ritmo de otra música, no lo van a lograr.

El enemigo quiso que Cristo se tirara al suelo y le adorara para que cediera a todas las cosas, pero Cristo no iba a dejar que su debilidad momentánea controlara lo que él iba a hacer en aquel momento. De la misma manera, a estos jóvenes, Sadrac, Mesac y Abed-nego, había alguien queriendo decirles cuándo iban a bailar y al ritmo de qué música lo harían.

Todos, algún día nos hemos sentido frustrados porque nuestras debilidades nos han presionado a tomar las decisiones incorrectas, y también por mucho tiempo hay quienes han estado bailando cuando otro toca la bocina, quejándose del gobierno, del jefe, cuando los demás se quejan, por ejemplo. Pero tiene que llegar el día en que tu firmeza sea tal, que respondas como estos jóvenes respondieron al rey: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

No bailes al sonido de otra persona, sino únicamente al sonido del cielo, al sonido que sale del cielo, al son del cielo, a la música del Dios Todopoderoso, que es quien te va a sacar del horno, del problema que hoy enfrentas.
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