lunes, 4 de julio de 2011

Cash Luna - Su Invitacion es tu Oportunidad

Lucas 14:21-23 relata qué sucedió luego de la invitación del dueño de casa: Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.

El Señor es como este padre de familia que invitó a una cena y fue rechazado por algunos que pusieron excusas tontas como ver la finca que compraron o estar recién casados.  Entonces, el anfitrión, envió a su siervo a que invitara a otras personas que seguro no lo rechazarían porque quiere ver llena su casa, para que no haya espacio por si los primeros invitados deciden regresar.

A veces rechazamos las invitaciones de nuestro Señor porque nos olvidamos quién es Él. Recordemos que Jesús nació en el hogar de un carpintero, pero era el Hijo de Dios. Aunque  con frecuencia nos referimos a Él con irreverencia y le llamamos “Colocho, jefe, el de arriba”, no podemos olvidar que es Jehová, Rey de reyes, Señor de señores, amo y dueño del universo, quien murió y resucitó para sentarse a la derecha del Padre y reinar. No menospreciemos todo lo que recibimos de Sus manos, así como algunos menosprecian lo que reciben de otros, como sus padres, jefes o maestros.

Debemos aprender a ser agradecidos porque si nos invitan o nos benefician con trabajo o algún regalo, muchas veces no es porque lo merezcamos, sino porque somos amados por gente generosa.  Nuestro Padre es generoso. No te quejes por tu trabajo, mejor agradécelo porque no sabes todo lo que ha  costado levantar era empresa donde ahora puedes laborar. De igual forma, agradece el carro o regalo que te dan tus padres porque el hecho de que no te costara nada más que las gracias, no significa que ellos no tuvieran que pagar por ello. Todo tiene un precio y si no lo has pagado, no lo menosprecies. Jesús pagó con Su sangre preciosa tu salvación, es decir que tener el privilegio de ser salvo, tiene precio, aunque para ti sea gratis.

Si Jesús toca a la puerta de tu casa, seguramente le abres, aunque tengas que disculparte porque no está muy limpio u ordenado, pero no lo dejas afuera. Apocalipsis 3:20 dice que Él llama a la puerta y entrará si le abren para que cenen juntos.  Entonces, ¿porqué es tan difícil que le abras la puerta de tu corazón? ¡Si Él toca, debes abrirle, si recibes el honor de Su invitación, no lo desprecies!



Oportunidades de oro
Hebreos 12:16-17 habla sobre Esaú que desperdició una valiosa oportunidad: no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
Esaú menospreció ser el primogénito y vendió ese privilegio que luego quiso recuperar, aunque fue demasiado tarde.  Algunos dicen que Jacob se la robó, pero no fue así.  Seguro que le ofreció el plato de comida a Esaú pensando que lo rechazaría de inmediato, pero se sorprendió al ver que ¡su hermano aceptaba la oferta!  Eso se llama aprovechar lo que otros menosprecian. Debemos tener cuidado de no caer en el mismo error que Esaú. Evitemos que se cumpla el refrán: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.  Porque es probable que estemos cambiando un futuro glorioso por satisfacer una necesidad del momento. Piensa, evalúa y no desperdicies la oportunidad de sembrar para luego cosechar en el reino de Dios y en la vida diaria.

Debemos tener el espíritu de Jacob quien peleó toda la noche con un ángel para que lo bendijera. Ese es el carácter a imitar, el de aquel que lucha y arrebata lo que le pertenece.  Por el contrario, nunca imites a Esaú quien no valoró lo que tenía y lo perdió porque ya no podían devolverle la bendición que le habían dado a Jacob.

Nunca menosprecies las invitaciones que Dios te hace para servirle, adorarle y ofrendarle, aunque no sea fácil, te aseguro que cada una es oportunidad de bendición para tu vida. Cuando Dios me habló para hacer el templo,  me sentí  abrumado porque no es sencillo estar al frente de una mega construcción y creer porque Él moverá el corazón de Sus hijos para que todo sea una realidad. Sin embargo, no desperdicié esa oportunidad porque estoy convencido de que involucrarse en Sus obras es garantía de éxito.  Yo soy  Su siervo fiel y cuando Él ordena algo, simplemente obedezco.  Dios me ha dicho: “El templo no es por causa mía, ¡Yo vivo en el cielo!  Todo es por ustedes, para darles oportunidad de sembrar y honrarme para poder bendecirlos”.  Así que todo en el Señor es una gran oportunidad.  Tal vez en el mundo pueden tratarnos de bobos, pero en Dios, todo se trata de dar para recibir.

Ahora no es casualidad que nuestro programa de TV sea uno de los más vistos y no es casualidad que seamos la cuenta de Facebook de un guatemalteco con más seguidores en el mundo. Todo es producto de la siembra que hemos hecho desde que me convertí al Señor y voluntariamente trabajaba en Su obra sin esperar nada a cambio.  Aunque eso significara desvelos y sacrificios, como subir todos los días al cerro Alux con la persona que llevaba los videos grabados del programa que debía verse por TV . Siempre he visto con los ojos de la fe lo que no es como si fuera y el tiempo me ha confirmado que esa es la actitud correcta.

Veamos las grandes oportunidades que se presentan en las pequeñas situaciones donde podemos servir al Señor. El que más goles mete es quien siempre está cerca de la pelota, esperando la oportunidad de anotar, no el que más corre. Tú debes ser de los que está allí, listo para aprovechar la oportunidad de servir y también de recibir bendición.  Esaú tuvo la oportunidad de ser el padre de los doce patriarcas cuya descendencia formó el pueblo de Israel.  Él pudo ser la persona a quien se le cambió el nombre, pero rechazó la oportunidad y fue a Jacob a quien se le puso el nombre de Israel. ¡No menosprecies ninguna oportunidad!
 
Digno invitado
Juan 6:66-68 relata lo que sucedió cierta vez que Jesús dio una Palabra con la que muchos se sintieron comprometidos e incómodos: Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros. Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
En esa oportunidad, todos murmuraban contra Jesús porque la enseñanza fue dura, pero  Él no los rogó para que se quedaran, al contrario, invitó a quienes estaban a Su lado a seguir a quienes se retiraban, si lo deseaban. Entonces, Pedro respondió como debía ser y como todos debemos hacerlo, quedándonos junto a Él  porque sabemos que estamos en el lugar correcto.  Es más, deberíamos decir: “aquí me quedo, aunque me saquen, el Señor me invitó y este es mi lugar”.

Pablo dice en 1 Corintios 15:5-8: y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
Pablo aseguraba que era el más pequeño de los apóstoles pero el que más había trabajado. No importa ser el primero o el último,  debemos apreciar Su llamado antes que se desvanezca. Si quieres servir a Jesús, hazlo, no le des mas vueltas al asunto, eres digno porque Él te ha invitado y te da la oportunidad.  Hacen falta manos y sobra trabajo qué hacer. Ser servidor en Su obra es un honor y oportunidad. Además, si ya le sirves y quieres renunciar, piénsalo bien porque tal vez no te vuelva a invitar. Imita a Pablo quien decía: “Aunque entré de último a la obra, seré el mejor”.

Filipenses 4:10 dice: En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

No menosprecies las oportunidades de servirle. Aceptar Su invitación puede traer dificultades y presión, pero jamás se desprecia un honor tan grande. Debemos servir al Señor toda la vida.  Descansa si estás cansado, pero vuelve a formar parte del ejército de Dios. Si has pecado, pide perdón y Él te levantará para servirle porque no quiere que desprecies esa invitación y oportunidad. Estamos listos para servirle, por eso nos da la oportunidad de hacerlo. No la desperdicies, acéptala de corazón porque no hay honor y bendición más grande que servir al Rey de reyes con humildad y entusiasmo.
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