lunes, 21 de septiembre de 2009

Apostol Sergio Enriquez- La Negacion Del Yo


Es importante reconocer que como hijos de Dios debemos esperar que Él demande de nosotros cualquier prueba de amor, porque El nos dio primero una prueba suprema de amor al enviarnos a Su hijo Jesucristo, despojándose de Su hijo unigénito. …porque “de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo”. Si lo vemos desde otra perspectiva, Su hijo también se despojó de Su divinidad tomando forma de siervo, de esclavo y de hombre, muriendo en la cruz para expiar nuestros pecados, logrando no solamente reconciliar a Dios y los hombres, sino también dándonos una maravillosa muestra de amor.

Alguien dijo que en una ocasión le preguntaron a Jesús ¿Cuánto me amas?; y Él en la cruz abrió Sus brazos y dijo:”de este tamaño te amo”, y murió. Nosotros deberíamos tener esta misma condición en nuestro corazón hacia Dios, porque si Él nos pide hoy “todo”, es porque antes, Él lo dio “todo” en la cruz al morir por nosotros. Es preciso aclarar que ésta verdad no se trata de una religión, sino, es el testimonio de una vida nueva en Cristo, se trata del reino de los cielos y de la Iglesia de Cristo como una nueva familia.

Jesús vino a la tierra y se negó a sí mismo, luego otros ministros como el apóstol Pablo se negaron a sí mismos, como lo muestra el Libro de los Hechos cuando dice: “en nada considero valiosa mi vida para mí mismo”, es decir, si él derramaba su vida por causa del evangelio su vida tenía sentido, no así para él mismo. Muchos de nosotros no logramos encontrar el sentido de la vida porque persistimos en pelear por nuestra propia vida, pero el llamamiento que Dios nos hace a los cristianos es que nos neguemos a si mismos.

¿Tendrá solvencia Jesucristo para pedirnos “todo”?. Sin duda alguna que sí, porque antes de pedir nuestra rendición Él renunció a Su gloria y Su voluntad al morir en la tierra por nosotros; es así como nos ama Jesús. Es por ello que ahora Él tiene la solvencia absoluta para pedir todo de nosotros, porque antes Él lo dio todo. Es necesario confirmar que no se trata de ser cristianos a medias y continuar haciendo las cosas que hacíamos en el mundo, sino de experimentar un verdadero cambio y testificar a través de nuestra vida el milagro que ocurrió en nosotros mediante el sacrificio del Cristo en la cruz del calvario.

Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.
(Lucas 14:33 LBLA)
Es difícil renunciar a todas nuestras posesiones, pero es muy posible que muchos de nosotros estemos dispuestos hacerlo para Cristo. Quien nos da una pauta de cómo hacerlo es el Espíritu Santo, a través de Juan El Bautista quien se preparo por 30 años y su ministerio duró únicamente 6 meses, y esto lo logró por medio de un secreto escrito en el Libro de Juan capítulo 3, verso 30, que dice: “es necesario que Él crezca y que yo mengüe”.

Pero, ¿cómo hacemos para negarnos a nosotros mismos? Lo vamos a lograr si primero El Señor crecer espiritualmente en nosotros, para luego poder menguar en nuestra naturaleza, porque, si nosotros menguamos primero nos convertiremos en legalistas.
Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.
(Juan 3:30 LBLA)
¿Cómo hacemos para que Él crezca? Cuando comemos la Santa Cena estamos comiendo Su carne y bebiendo Su sangre, entonces cuando hacemos esto Él permanecerá y crecerá cada vez más y nuestra naturaleza dejará de ser; manifestándose su naturaleza en nosotros. Sin duda alguna esto repercutirá en nuestras vidas, de hecho, como cristianos seguramente ya logramos alguna trascendencia. Cuando Él permanece en nosotros se expande y nos quita nuestra naturaleza y en su lugar establece la suya.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.
(Juan 6:54-56 LBLA)
Veamos qué es lo que El Señor nos empezará a cambiar:

EL AMOR DE DIOS

Al expandirse en nosotros, El Señor sacará lo que no le gusta de nosotros y pondrá en su lugar cosas de Él, y una de las primeras cosas es el amor. Es decir, quita nuestro amor y en su lugar pone Su amor, porque Su amor nunca se termina; esto es inexplicable para la mente humana y solo el Espíritu Santo lo puede revelar cuando nos dice: “amen a su enemigo”, lo cual se puede lograr solo con Su amor.

Cada vez que tomamos la Santa Cena obtenemos de Su amor y Su Espíritu es sobre nosotros. Es necesario que renunciemos al amor por nosotros mismos, al deleite, los
placeres y las mismas tinieblas, pero sólo Él lo podrá hacer por medio de éste acto bendito, porque cuando estamos comiendo de Su carne y bebiendo de Su sangre, estamos ingiriendo las cosas propias de Él y como parte de Su naturaleza está el amor, cuando nos comemos al Cordero, nos comemos el amor de Dios, y es hasta entonces cuando podremos empezar a cambiar nuestra manera de pensar. Las personas que sienten odio por otras personas necesitan urgentemente comer del Cordero para lograr cambiar el odio por amor.

Cuando comemos el Pan, el amor de Dios está siendo expandido y nuestro propio amor dirá a las actitudes humanas que deben salir de nosotros para que éste espacio pueda ser ocupado por el amor de Dios. Es necesario reconocer que nuestro amor hacia el Padre no es de acuerdo a como Él merece, por eso mismo, debemos pedirle al Señor amarlo más cada día y hasta la eternidad.
Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
(Juan 15:9 LBLA)

LA PAZ DE DIOS

Si experimentamos miedo en nuestra vida, significa que necesitamos más y más la expansión de Cristo en nosotros y para que se expanda debemos comer al Cordero; es
hasta entonces que nuestra paz empezará a desalojar en nuestro ser el miedo y entrará la paz de Dios. En ocasiones el mundo nos puede proporcionar alguna clase de paz pero Dios quiere ponernos la verdadera paz y expandirla en nosotros, la cual indudablemente supera la paz del mundo y que logra que afrontemos las situaciones que nos afligen. Si la paz que sobrepasa todo entendimiento nos alcanzó, podremos vencer el miedo porque el amor y la paz de Dios son suficientes para nuestra vida, sin embargo, existe otro elemento más que nos puede el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo por medio de la Santa Cena: el gozo.

Es necesario reconocer que somos menesterosos y necesitados de Jesús en nuestro corazón, seríamos nada sin Él y debemos agradecer al Bendito Señor por permitirnos
alabarle y bendecir Su Santo nombre que es sobre todo nombre.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
(Juan 14:27 LBLA)

GOZO DE DIOS

El Señor hizo un sinergismo con Su gozo y lo potencializó para que llegara hasta nosotros.
Muchas veces le pedimos gozo al Señor y El ya nos lo ha dado a través de su Sangre y Cuerpo en la Santa Cena. Algunas cosas materiales que nos provee el mundo nos causa gozo temporal; pero el gozo de Dios por medio de Su Pan y Su Vino es nuestra fortaleza y es eterno.
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.
(Juan 15:11 LBLA)

MANDAMIENTOS DE DIOS

Cuando nos comemos el Pan y el Vino nos estamos comiendo el mandamiento del Señor el cual no es parte de los mandamientos que los antiguos pueblos llevaron, ni los diez mandamientos dados a Moisés, sino que es el mandamiento dado por Dios a los hombres a través del Hijo, que nos pide que amemos a nuestros hermanos como Él nos ha amado.
Debemos perdonar a nuestros hermanos aunque sea éste un mandamiento difícil de cumplir.
Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado.
(Juan 15:12 LBLA)
Cualquiera que permanezca enojado con hermano, y que lo insulte será llevado a la corte, será reo del infierno de fuego. Tenemos que analizarnos antes de tomar la Santa Cena y ponernos a cuentas con el Señor para evitar que caiga juicio sobre nosotros.
Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida a los que El quiere.
Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo,
(Juan 5:21-22 LBLA)
Es necesario que permanezcamos fieles a nuestra esposa aún con la mirada, pues se considera infiel desde que se falla con el pensamiento.
Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.
(Mateo 5:28 LBLA)

Pese a que nuestros padres no nos ministraron adecuadamente durante nuestra niñez, debemos ceñirnos a lo que la Palabra nos muestra ahora que nacimos de nuevo y saber que la Palabra nos señala un camino distinto a seguir. Una de las actitudes de las que debemos despojar, es de la venganza; y si lo hemos hecho, debemos pedir perdón a quien hemos afectado, aunque aparentemente tengamos la razón. Debemos bendecir a quienes nos ofenden y amarlos, pese a ser uno de los mandamientos más difíciles de cumplir, pero si lo hacemos por el amor de Dios, Él nos ayudará.
Habéis oído que se dijo: "OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE." Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.
(Mateo 5:38-39 LBLA)

Si comemos del Cordero Él se va expandir y nosotros vamos a menguar, y como una extraordinaria consecuencia Él se va a enamorar más de nosotros y nosotros de Él, porque la vida en Cristo no es una religión sino; poner en práctica Sus mandamientos y permitir que Su gozo, paz y amor cambie nuestra naturaleza por la de Él.
Finalmente, es preciso enfatizar que Jesús nunca dijo que celebráramos su nacimiento, pero sí Su muerte con el vino y el pan como medio para alcanzar Su reino.
Anterior
Siguiente