martes, 11 de agosto de 2015

Charles H. Spurgeon - El Poder del Espíritu Santo




El PODER es una prerrogativa especial y propia de Dios y sólo de
Dios. “Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.” Dios es Dios, y
el poder le pertenece. Aunque delegue una porción de él a Sus criaturas,
sigue siendo Su poder. El sol, aunque es “como un esposo que sale
de su tálamo, se alegra como gigante para correr el camino,”
sin embargo
no tiene poder para ejecutar sus movimientos sino de la manera como
lo dirige Dios. Las estrellas, aunque viajan en sus órbitas y nada las
puede detener, no tienen ni poder ni fuerza excepto el que Dios les
otorga diariamente. El alto arcángel, junto a Su trono, que brilla más
que un cometa resplandeciente, aunque es uno de aquellos que destacan
en fuerza y que escucha la voz de los mandamientos de Dios, sin
embargo no tiene sino el poder que su Creador le da.
 En cuanto a Leviatán, que en pos de sí hace resplandecer la senda,
que parece que el abismo es cano; y Behemot que se bebe de un trago
el Jordán y se jacta de poder chupar ríos enteros. Esas criaturas majestuosas
que se encuentran sobre la tierra, deben su fortaleza a Él, que
formó sus huesos de acero, y sus miembros como barras de hierro.
 Y cuando pensamos en el hombre, si tiene fuerza o poder, todo eso es
tan poco e insignificante, que apenas si lo podemos considerar. Sí,
cuando está en su punto más grande, cuando empuña su cetro, cuando
está al mando de sus ejércitos, cuando gobierna naciones, aún así el
poder le pertenece a Dios. Y es verdad “Dos veces he oído esto: que de
Dios es el poder.”
 Esta prerrogativa exclusiva de Dios, se encuentra en cada una de las
tres Personas de la gloriosa Trinidad. El Padre tiene poder, pues por Su
palabra fueron hechos los cielos y todo lo que contienen. Por su fuerza
todas las cosas se mantienen y por Él cumplen con su destino. El Hijo
tiene poder, pues como Su Padre, Él es el Creador de todas las cosas,
“sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho.” y “en él todas las
cosas subsisten.” Y el Espíritu Santo tiene poder. Hoy voy a hablar
acerca del poder del Espíritu Santo. Espero que puedan tener ustedes
una ejemplificación práctica de ese atributo en sus propios corazones,
cuando sientan que la influencia del Espíritu Santo está siendo derramada
en mí, y que estoy comunicando las palabras del Dios viviente a
las almas de ustedes. Y que esa influencia les sea otorgada también a
ustedes y que sientan sus efectos en sus propios espíritus.
 Consideraremos el poder del Espíritu santo de tres maneras en este
día. Primero, las manifestaciones externas y visibles de ese poder. Segundo,
las manifestaciones internas y espirituales de él. Y tercero, las
obras futuras y esperadas derivadas de ese poder. Confío que de esta
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manera el poder del Espíritu se hará presente claramente en las almas
de ustedes.
 I. Primero, entonces, debemos ver el poder del Espíritu en SUS MANIFESTACIONES
EXTERNAS Y VISIBLES. El poder del Espíritu no ha
estado inactivo, ha estado trabajando. Mucho ha sido hecho ya por el
Espíritu de Dios; más de lo que pudiera haber sido logrado por ningún
ser excepto el Infinito, Eterno, Todopoderoso Jehová, de quien el Espíritu
Santo es una Persona. Hay cuatro obras que son los signos externos
y manifiestos del poder del Espíritu: las obras de creación, obras de resurrección,
obras de testimonio y las obras de gracia. De cada una de
estas obras hablaré brevemente.
 1. Primero, el Espíritu ha manifestado la omnipotencia de su poder
en las obras de creación. Pues aunque no se menciona frecuentemente
en la Escritura, sin embargo, algunas veces la creación es atribuida al
Espíritu Santo, así como también al Padre y al Hijo. La creación de los
cielos se nos dice que es la obra del Espíritu de Dios. Esto lo verán de
inmediato en las sagradas Escrituras, Job 26:13: “Su espíritu adornó
los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.” Se dice que, todas las
estrellas del cielo fueron colocadas en lo alto por el Espíritu y una constelación
particular llamada la “serpiente tortuosa” es señalada especialmente
como el trabajo de Sus manos.
 Él desata las ligaduras de Orión. Él ata con cadenas las dulces influencias
de las Pléyades y guía a la Osa Mayor junto con sus hijos. Él
hizo todas esas estrellas que brillan en el cielo. Los cielos fueron adornados
por sus manos y Él formó a la serpiente tortuosa por su poder. Y
así también muestra su poder en esos actos continuos de creación que
todavía se realizan en el mundo. Como el crear al ser humano y a los
animales, su nacimiento y generación. Estos también se le asignan al
Espíritu Santo.
 Si ven el Salmo 104, en los versículos 29 y 30, leerán, “Escondes tu
rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo.
Envías tu Espíritu, son creados; y renuevas la faz de la tierra.”
 Así ven ustedes que la creación de todo hombre es la obra del Espíritu,
y la creación de toda vida y toda carne. La existencia de este mundo
se debe atribuir al poder del Espíritu así como también el primer adorno
de los cielos o darle forma a la serpiente tortuosa. Y si ven en el primer
capítulo del Génesis, allí notarán particularmente explicada esa
peculiar obra de poder en el universo que fue llevada a cabo por el Espíritu
Santo. Ustedes descubrirán entonces cuál fue Su trabajo especial.
En el versículo segundo del primer capítulo de Génesis, leemos; “Y
la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz
del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”
 No sabemos cuán remoto pueda ser el período de la creación de
nuestra tierra, ciertamente muchos millones de años antes del tiempo
de Adán. Nuestro planeta ha pasado por varias etapas de existencia y
diferentes clases de criaturas han vivido en su superficie, todas ellas
creadas por Dios. Pero antes que esa era llegara, en la que el ser
humano sería su habitante principal y monarca, el Creador entregó el
mundo a la confusión. Permitió que los fuegos internos estallaran desde
las profundidades y fundió toda la materia sólida de manera que toda
clase de sustancias estaban mezcladas en una vasta masa de desorden.
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El único nombre que se podría dar al mundo de entonces es que era
una caótica masa de materia.
 Cómo debió haber sido, no podrían ustedes adivinarlo o definirlo. La
tierra estaba enteramente desordenada y vacía. Las tinieblas estaban
sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de
las aguas. Llegó el Espíritu y extendiendo sus anchas alas, ordenó a las
tinieblas que se dispersaran y al volar Él sobre la tierra, todas las diferentes
porciones de materia se colocaron en sus lugares y ya no fue
“desordenada y vacía”. Se volvió redonda como sus planetas hermanos
y se puso en movimiento, cantando elevadas alabanzas a Dios, no de
manera discordante como lo había hecho antes, sino como una grandiosa
nota en la vasta escala de la creación.
 Milton describe muy bellamente este trabajo del Espíritu que establece
el orden donde hay confusión, cuando el Rey de la Gloria, en su
poderosa Palabra y Espíritu, vino para crear nuevos mundos—
“Sobre el piso celestial se detuvieron, y desde la orilla
Contemplaron el vasto inmensurable abismo
Tempestuoso como un mar, sombrío, desolado, salvaje,
Conmocionado hasta el fondo por vientos furiosos,
Y por olas hinchadas como montañas, al asalto
De las alturas del cielo para mezclar el polo con lo profundo.
‘Silencio, ustedes, olas perturbadas, y tu, abismo, paz,’
Dijo la Palabra que todo crea. Pongan fin a sus discordias.
Entonces sobre las aguas calmadas
El Espíritu de Dios Extendió sus alas creadoras
E infundió virtud vital y calor vital
A través de toda la masa fluida.”
 Esto, vean ustedes, es el poder del Espíritu. Si hubiéramos visto a
esa tierra en toda su confusión, hubiéramos dicho, “¿Quién puede
hacer un mundo de todo esto?” La respuesta hubiera sido, “El poder del
Espíritu lo puede hacer. Con sólo extender sus alas como de paloma, Él
puede hacer que todas las cosas se junten. Por ello habrá orden en
donde no había nada sino confusión.” Y esto no es todo el poder del Espíritu.
Hemos visto algunas de sus obras en la creación. Pero hubo una
instancia en particular de creación en la que el Espíritu Santo estuvo
más especialmente ocupado, a saber, la formación del cuerpo de nuestro
Señor Jesucristo.
 Aunque nuestro Señor Jesucristo nació de una mujer y fue hecho a
semejanza de la carne pecadora, sin embargo el poder que lo engendró
estuvo enteramente en Dios el Espíritu Santo, como lo expresan las Escrituras,
“El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.” Él fue concebido
por el Espíritu Santo, como dice el Credo de los Apóstoles. “Por
lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.”
 La estructura corporal del Señor Jesucristo fue una obra maestra
realizada por el Espíritu Santo. Supongo que Su cuerpo debe haber sobrepasado
a todos los demás en belleza. Que haya sido como el del primer
hombre, justo el modelo de lo que el cuerpo será en el Cielo, en
donde resplandecerá en toda su gloria. Esa estructura, en toda su belleza
y perfección, fue modelada por el Espíritu. En Su libro estaban diseñados
todos sus miembros cuando todavía no habían sido creados. Él
Lo modeló y Lo formó. Aquí pues, tenemos otro ejemplo de la energía
creativa del Espíritu.
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 2. Una segunda manifestación del poder del Espíritu Santo se encuentra
en la resurrección del Señor Jesucristo. Si alguna vez han estudiado
este tema, pueden haberse sentido desconcertados al hallar
que, algunas veces, la resurrección de Cristo se le atribuye a Él mismo.
Por su propio poder y Divinidad. Él no podía haber sido detenido por los
lazos de la muerte, pero como Él voluntariamente entregó su vida, tenía
poder para retomarla. En otra parte de la Escritura encontramos que la
resurrección es atribuida a Dios el Padre, “Le levantó de los muertos.”
“Exaltado por la diestra de Dios.” Y así otros muchos pasajes similares.
 Pero, también se dice en la Escritura que Jesucristo fue levantado de
entre los muertos por el Espíritu Santo. Ahora bien, todas esas cosas
son ciertas. Él resucitó por el Padre porque el Padre dijo, “suelten al
prisionero, déjenlo ir. La justicia ha sido satisfecha. Mi Ley ya no requiere
más satisfacción, la venganza ha recibido lo que le correspondía,
déjenlo ir.” Aquí dio Él un mensaje oficial que liberó a Jesús de la tumba.
Fue levantado por Su propia majestad y poder porque Él tenía el derecho
de salir y así lo sintió Él y por ello “rompió las ataduras de la
muerte, Él ya no podía ser retenido por ellas.” Pero Él fue levantado por
el Espíritu en cuanto a esa energía que recibió Su cuerpo mortal, por la
cual se levantó de nuevo después de haber permanecido en su tumba
por tres días y noches.
 Si quieren pruebas de esto deben abrir otra vez su Biblia: 1 Pedro
3:18, “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el
justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto
en la carne, pero vivificado en espíritu.” Y se puede encontrar otra
prueba en Romanos, 8:11 (me gusta citar los textos porque creo que es
una gran falla de los cristianos no escudriñar las Escrituras lo suficiente
y yo haré que lo hagan cuando estén aquí, si es que no lo hacen en
otros lugares), “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora
en vosotros.”
 La resurrección de Cristo, pues, fue efectuada por la agencia del Espíritu
y aquí tenemos una noble ilustración de Su omnipotencia. Si
hubieran podido entrar, como lo hicieron los ángeles, en la tumba de
Jesús y ver su cuerpo durmiente, lo hubieran encontrado frío como
cualquier otro cadáver. Si levantaran Su mano, se desplomaría a un lado.
Si hubieran podido mirar sus ojos, estarían vidriosos. Y allí se ve la
lanzada mortal que debió acabar con su vida. Vean sus manos, no fluye
la sangre, están frías e inmóviles.
 ¿Puede vivir ese cuerpo? ¿Puede levantarse? Sí. ¡Y ser un ejemplo del
poder del Espíritu! Porque cuando el poder del Espíritu llegó a Él, al
igual que cuando cayó sobre los huesos secos del valle, “Se levantó en
la majestad de Su divinidad, brillante y resplandeciente, que asombró a
los vigilantes de manera que huyeron. Sí, se levantó para no morir más,
sino para vivir para siempre, Rey de reyes y Príncipe de los reyes de la
tierra.”
 3. La tercera de las obras del Espíritu Santo que han demostrado su
poder de manera maravillosa, son las obras de testimonio. Con ello
quiero decir las obras que atestiguan. Cuando Jesucristo fue bautizado
en el río Jordán, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de pa-
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loma y lo proclamó el Hijo Amado de Dios. Eso es lo que yo llamo una
obra de testimonio. Y cuando después levantó al muerto, cuando sanó
al leproso, cuando les habló a las enfermedades y éstas huyeron rápidamente,
cuando salieron precipitadamente por millares los demonios
de los que estaban poseídos, todo eso se hizo por el poder del Espíritu.
El Espíritu habitaba en Jesús sin medida y por ese poder se obraron
todos esos milagros. Estas fueron obras de testimonio.
 Y cuando Jesús se fue, recordarán ese magistral testimonio del Espí-
ritu que regresó como un poderoso viento estruendoso entre los Apóstoles
congregados y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego,
asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu
Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según como el Espíritu
les daba que hablasen. Y cómo también, ellos hicieron milagros. Cómo
predicaban, cómo Pedro resucitó a Dorcas, cómo Pablo sopló la vida en
Eutico, cómo se hicieron grandes milagros por los apóstoles así como lo
había hecho su Señor, de manera que se vieron grandes, “señales y
prodigios, llevados a cabo por el poder del Espíritu de Dios y muchos
creyeron.”
 Después de eso ¿quién dudará del poder del Espíritu Santo? ¡Ah!
esos miembros de la secta de Socinio que niegan la existencia del Espí-
ritu Santo y Su absoluta personalidad, ¿qué van hacer cuando los atrapemos
mostrándoles las obras de creación, de resurrección y de testimonio?
Están contradiciendo la Escritura. Pero observen: es una piedra
sobre la que si algún hombre cae, saldrá lastimado; pero si cae sobre él
como lo hará si se resiste, lo triturará hasta convertirlo en polvo. El Espíritu
Santo tiene poder omnipotente. Sí, el poder de Dios porque Él es
Dios.
 4. Una vez más, si queremos otro signo externo y visible del poder
del Espíritu, podemos mirar a las obras de gracia. Vean una ciudad
donde un adivino tiene el poder que ha proclamado él mismo como una
gran persona. Un cierto Felipe entra y predica la Palabra de Dios, en
seguida Simón el Mago pierde su poder y él mismo busca para sí el poder
del Espíritu, imaginando que puede comprarse con dinero.
 Vean, en tiempos modernos, un país en donde los habitantes viven
en miserables tiendas hechas de paja, y se alimentan de reptiles y de
otras criaturas semejantes; obsérvenlos cómo se inclinan ante sus ídolos
y cómo adoran a sus falsos dioses y cómo están tan hundidos en la
superstición, y tan degradados que se llegó a debatir si tenían alma o
no.
 Vean a un Robert Moffat, (misionero en Sudáfrica por más de 50
años) que va con la Palabra de Dios en su mano, (que él mismo tradujo
al lenguaje de los bechuanas) óiganlo predicar con la capacidad de expresión
que le da el Espíritu, acompañando esa Palabra con poder.
Ellos arrojan a un lado sus ídolos, odian y aborrecen sus costumbres
anteriores; construyen casas en donde ellos habitan; se visten y ahora
tienen una mente recta.
 Rompen el arco y parten la lanza en pedazos; la gente incivilizada se
vuelve civilizada; el salvaje se vuelve educado; el que no sabía nada comienza
a leer las Escrituras. De esta manera por boca de aquellos que
fueron salvajes, Dios atestigua el poder de Su poderoso Espíritu.
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 Tomen una casa en esta ciudad, y los podríamos llevar a muchas de
esas casas, el padre es un borracho, un hombre que vive en una condición
desesperada; véanlo en su locura, y ustedes preferirían encontrarse
con un tigre sin cadenas que con un hombre así. Da la impresión
que él podría partir a un hombre en pedazos si llegara a ofenderlo. Observen
a su esposa. Ella también tiene su voluntad, y cuando él la trata
mal, le opone resistencia; se han visto muchas peleas en esa casa, y a
menudo el ruido que generan molesta a todo el vecindario. En cuanto a
los pobres niños, véanlos en sus harapos y desnudez, pobres pequeños
ignorantes. ¿Ignorantes dije? Están siendo instruidos y muy bien instruidos
en la escuela del demonio y están creciendo para ser herederos
de la condenación. Pero alguien a quien Dios ha bendecido por su Espí-
ritu es guiado a esa casa.
 Tal vez sólo se trata de un humilde misionero de la ciudad, pero le
habla a ese hombre: “Oh” dice, “ven y escucha la voz de Dios.” Y ya sea
por su propio mensaje o por la predicación del ministro, la Palabra, que
es eficaz y poderosa, corta el corazón del pecador. Las lágrimas corren
por sus mejillas como nunca se había visto antes. Tiembla y se estremece,
el hombre fuerte se inclina, el hombre poderoso tiembla y esas
rodillas que nunca temblaron, comienzan a tambalearse. Ese corazón
que nunca se acobardó, ahora comienza a temblar ante el poder del Espíritu.

 Se sienta en una humilde banca junto al penitente, deja que sus rodillas
se doblen mientras que sus labios pronuncian la oración de un
niño, pero aunque es la oración de un niño, es la oración de un hijo de
Dios. Le cambia su carácter. ¡Observen el cambio en su casa! Su mujer,
se vuelve una señora decente, esos niños son el crédito de la casa y, a
su debido tiempo, crecen como ramas de olivo alrededor de su mesa,
adornando su casa como piedras preciosas. Si pasan por esa casa, no
escucharán ruido ni peleas, sino cánticos de Sión.
 Véanlo, no más orgías de borracho; ha vaciado su última copa y ahora,
renunciando a lo anterior, viene a Dios y es Su siervo. Ahora ya no
escucharán a la media noche el grito de las bacanales, pero si se oyera
un ruido, sería el sonido de un solemne himno de alabanza a Dios. Y,
entonces, ¿acaso no hay algo así como el poder del Espíritu? ¡Sí! Y estos
seres deben haberlo experimentado y visto.
 Conozco un pueblo, que fue una vez el más profano de Inglaterra, un
pueblo inundado de borrachos y de libertinos de la peor clase, donde
era casi imposible que un viajero honesto se detuviera en una posada
sin ser molestado por las blasfemias, un lugar notorio por sus incendiarios
y por sus ladrones. Un hombre, el jefe de todos, escuchó la vez de
Dios. El corazón de ese hombre fue quebrantado. Todos sus pandilleros
vinieron también para escuchar la predicación del Evangelio, y se sentaron
y parecían reverenciar al predicador como si fuera un dios y no
un hombre. Estos hombres fueron cambiados y reformados; y todo
aquel que conoce ese lugar afirma que un cambio así no hubiera podido
ocurrir nunca, sino sólo mediante el poder del Espíritu Santo.
 Dejen que se predique el evangelio y que sea derramado el Espíritu y
verán que tiene un poder tal como para cambiar la conciencia, para mejorar
la conducta, para levantar al degradado, para castigar y reprimir
la maldad de la raza, y ustedes deben gloriarse en eso. Digo: nada hay
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como el poder del Espíritu. Tan solo déjenlo entrar y seguramente todo
puede lograrse.
 II. Ahora, el segundo punto. EL PODER INTERIOR Y ESPIRITUAL
DEL ESPÍRITU SANTO. Lo que ya he mencionado, puede ser visto. De lo
que estoy a punto de hablar debe de ser sentido y ningún hombre entenderá
verdaderamente lo que digo a menos que lo sienta. Lo visible,
aun el infiel debe confesarlo; lo visible, el más grande blasfemo no puede
negarlo, habla la verdad; pero de este poder interior alguien se reirá
con entusiasmo y otro dirá que no es sino la invención de nuestras fantasías
febriles. Sin embargo, tenemos una palabra de testimonio más
segura que todo lo que ellos puedan decir. Tenemos un testigo en nuestro
interior. Sabemos que es la verdad y no tenemos miedo de hablar
del poder interno espiritual del Espíritu Santo. Observemos dos o tres
cosas en las que el poder interior y espiritual del Espíritu Santo se puede
ver muy grandemente y alabarlo.
 1. Primero, el Espíritu Santo tiene poder sobre los corazones de los
hombres. Ahora bien, los corazones de los hombres son difíciles de impresionar.
Si quieres interesarlos en cualquier objeto mundano, lo puedes
lograr. Una palabra engañosa puede ganar el corazón de un hombre,
un poco de oro puede ganar el corazón de un hombre, un poco de
fama y un poco del clamor del aplauso puede ganar el corazón de un
hombre. Pero no hay ningún ministro que respire que pueda ganar el
corazón de un hombre por sí mismo. Puede ganar sus oídos y hacer que
lo escuchen; puede ganar sus ojos y hacer que se fijen en él; puede ganar
la atención, pero el corazón es muy resbaloso. Sí, el corazón es un
pez que no se deja atrapar por los pescadores del Evangelio. Pueden algunas
veces jalarlo casi fuera del agua pero, viscoso como una anguila,
se resbala entre sus dedos, y, después de todo, no lo capturan. Muchos
hombres se han imaginado que han capturado el corazón, pero se han
desengañado. Se necesita un hábil cazador para atrapar al ciervo en las
montañas. Es demasiado rápido para que el pie humano pueda acercársele.
Sólo el Espíritu tiene el poder sobre el corazón del hombre. ¿Alguna
vez han probado ustedes su poder en un corazón? Si un hombre
piensa que un ministro puede convertir el alma, me gustaría que lo intentara.
Déjenlo que vaya y sea un maestro de la escuela dominical.
Dará su clase, tendrá los mejores libros que puedan obtenerse, tendrá
las mejores reglas, instalará sus murallas alrededor de su Sebastopol
espiritual.
 Tomará al mejor muchacho de su clase y mucho me equivoco si ese
muchacho no estará cansado en una semana. Déjenlo que pase cuatro
o cinco domingos intentándolo, pero luego dirá “Este muchacho es incorregible.”
Déjenlo intentar con otro. Y tendrá que intentar con otro y
otro y otro, antes de que pueda ser capaz de convertir a uno. Pronto se
dará cuenta que: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu,
ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Puede convertir un ministro? ¿Puede
tocar el corazón? David dijo, “Se engrosó el corazón de ellos como sebo.”
Sí, eso es completamente cierto y no podemos atravesar tanta grasa.
Nuestra espada no puede llegar al corazón porque está recubierto de tal
cantidad de grasa, es más duro que una rueda de molino. Más de una
buena espada vieja de Jerusalén ha perdido su filo contra un corazón
duro. Una pieza del verdadero acero que Dios ha puesto en las manos
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de sus siervos ha perdido su filo al ser apuntada contra el corazón de
un pecador. No podemos llegar al alma; pero el Espíritu Santo puede.
“Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió
dentro de mí.” Él puede dar un sentido del perdón comprado con la
sangre que puede disolver a un corazón de piedra. Él puede—
Hablar con esa voz que despierta a los muertos,
Y que ordena levantarse al pecador,
Y que hace que la conciencia culpable tema
La muerte que nunca muere.
 Él puede hacer que se oigan los truenos del Sinaí; sí y Él puede
hacer que los dulces susurros del Calvario entren en el alma. Él tiene
poder sobre el corazón del hombre. Y la prueba gloriosa de la omnipotencia
del Espíritu es que Él tiene dominio sobre el corazón.
 2. Pero hay una cosa más terca que el corazón. Es la voluntad. “Mi
Señor Obstinado,” como Bunyan la llama en su libro “La Guerra Santa,”
es un individuo que no puede ser fácilmente doblegado. La voluntad,
especialmente en algunos hombres, es una cosa muy terca, y en
todos los hombres, si la voluntad es movida a oponerse, no hay nada
que se pueda hacer con ellos. Alguien cree en el libre albedrío. Muchos
sueñan con el libre albedrío. ¡El Libre Albedrío! ¿Dónde se puede encontrar
eso? Una vez hubo libre albedrío en el Paraíso, y un terrible caos
generó allí el libre albedrío, porque echó a perder todo el Paraíso y arrojó
a Adán fuera del huerto. Una vez hubo libre albedrío en el cielo, pero
arrojó fuera al glorioso arcángel y una tercera parte de las estrellas del
cielo cayó en el abismo.
 Yo no quiero tener nada que ver con el libre albedrío, pero trataré de
ver si tengo libre albedrío dentro de mí. Y encuentro que lo tengo. Verdadero
libre albedrío para el mal, pero muy pobre albedrío para lo que
es bueno. Suficiente libre albedrío cuando peco, pero cuando quiero
hacer el bien, el mal está presente en mí y cómo hacer lo que quisiera,
no lo puedo descubrir. Sin embargo algunos presumen de libre albedrío.
Me pregunto si aquellos que creen en él tienen algún poder mayor
sobre las voluntades de las personas del que yo tengo. Yo sé que yo no
tengo ninguno.
 Encuentro que el viejo proverbio es muy cierto: “Un hombre puede
llevar un caballo al agua, pero cien hombres no pueden hacer que beba.”
Encuentro que yo puedo llevar a todos ustedes al agua y a muchos
más de los que pueden caber en esta capilla. Pero yo no los puedo
hacer beber y no creo que ni cien ministros puedan hacerlos beber a
ustedes.
 He leído a Rowland Hill, Whitfield y a otros muchos, para ver qué
hicieron ellos. Pero no puedo descubrir un plan para cambiar las voluntades
de ustedes. No puedo persuadirlos. Y ustedes no cederán de ninguna
manera. No creo que ningún hombre tenga poder sobre la voluntad
de su compañero, pero el Espíritu de Dios sí lo tiene. “Los haré dispuestos
en el día de mi poder.” Hace que el pecador que no tiene voluntad
quiera de tal manera, que va impetuosamente tras el Evangelio. El
que era obstinado, ahora se apresura hacia la Cruz. El que se reía de
Jesús ahora se aferra a su misericordia. Y el que no quería creer ahora
es llevado a creer por el Espíritu Santo, no sólo con gusto sino ansiosamente.
Es feliz, está contento de hacerlo, se regocija con el sonido del
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nombre de Jesús y se deleita en correr por el camino de los mandamientos
de Dios. El Espíritu Santo tiene poder sobre la voluntad.
 3. Y sin embargo creo que hay algo que es peor que la voluntad. Podrán
imaginar a qué me refiero. La voluntad es algo más difícil de doblegar
que el corazón. Pero hay una cosa que excede a la voluntad en
su maldad y es la imaginación.
 Espero que mi voluntad esté dirigida por la Gracia Divina. Pero me
temo que en ocasiones mi imaginación no lo está. Aquellos que tienen
mucha imaginación saben qué cosa tan difícil es de controlar. No la
pueden refrenar. Romperá las riendas. Nunca serán capaces de dominarla.
La imaginación a veces volará hacia Dios con tal poder que las
alas del águila no pueden igualarla. A veces tiene tal poder que casi
puede ver al Rey en su belleza y la tierra distante. En lo que a mí respecta,
mi imaginación me lleva a veces sobre las puertas de hierro, a
través de ese infinito desconocido hasta las propias puertas de perlas y
descubrir al bendito Glorificado.
 Pero si es potente en un sentido también lo es en otro. Pues también
mi imaginación me ha hecho descender a los más viles escondrijos y
cloacas de la tierra. Me ha traído pensamientos tan horribles, que a pesar
de no poder evitarlos, he estado completamente aterrorizado por
ellos. Estos pensamientos vendrán y cuando me siento en mi marco
más santo, más devoto hacia Dios y más fervoroso en mi oración, a menudo
sucede que es el preciso momento que estalla la plaga en su peor
forma. Pero me gozo y pienso una cosa, que puedo clamar cuando esta
imaginación viene a mí.
 Yo sé que se dice en el Libro de Levítico, que cuando se cometía un
acto de maldad, si la muchacha clamaba contra él, entonces salvaba su
vida. Así sucede con el cristiano, si clama hay esperanza. ¿Pueden encadenar
la imaginación? No, pero el poder del Espíritu Santo sí puede.
Lo hará y ciertamente termina haciéndolo. Lo hace aún aquí en la tierra.

 III. Pero la última cosa es, EL FUTURO Y LOS EFECTOS DESEADOS,
porque después de todo aunque el Espíritu Santo ha hecho tanto
no puede decir todavía, “Consumado es.” Jesucristo pudo exclamar en
lo que concierne a su propia labor, “Consumado es” pero el Espíritu
Santo no puede decir eso, tiene todavía más que hacer. Y hasta la consumación
de todas las cosas, cuando el propio Hijo llegue a ser sujeto
al Padre, el Espíritu Santo no dirá: “consumado es.” ¿Qué es lo que tiene
que hacer el Espíritu Santo?
 1. Primero, tiene que perfeccionarnos en la santidad. Hay dos clases
de perfección que un cristiano necesita: una es la perfección de la justificación
en la persona de Jesús. Y la otra es la perfección de la santificación
obrada en él por el Espíritu Santo.
 Por el momento la corrupción todavía descansa en los pechos de los
regenerados. Actualmente el corazón es parcialmente impuro. Todavía
tenemos lujurias e imaginaciones malvadas. Pero, oh, mi alma se regocija
al saber que viene el día cuando Dios terminará el trabajo que ha
iniciado y presentará mi alma, no solamente perfecta en Cristo, sino,
perfecta en el Espíritu, sin mancha o defecto, o nada parecido.
 ¿Y es verdad que este pobre corazón depravado, llegará a ser tan
santo como el de Dios? Y este pobre espíritu que a menudo exclama,
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“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de pecado y de
muerte?” ¿Este mismo pobre espíritu, será libre del pecado y de la
muerte? ¿Y ya no oiré cosas malas que perturben mis oídos y no tendré
pensamientos impuros que perturben mi paz? ¡Oh, feliz hora! ¡Que se
apresure! Justo antes de que yo muera, se habrá terminado la santificación
pero hasta ese momento no puedo tener la perfección en mí
mismo. Pero en ese momento cuando parta mi espíritu tendrá su último
bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Será puesto en el crisol para
su última prueba en el horno.
 Y entonces, libre de toda escoria y fino como una barra de oro puro,
será presentado a los pies de Dios sin el mínimo grado de escoria o
mezcla. ¡Oh, hora gloriosa! ¡Oh, momento bendito! Pienso que deseo
morir aunque no hubiera un cielo si tan solo pudiera tener esa última
purificación y salir de la corriente del río Jordán totalmente limpio después
de ser lavado. ¡Oh ser lavado, y quedar blanco, limpio, puro perfecto!
Ni un ángel será más puro de lo que yo seré. ¡Sí! ¡Ni Dios mismo
será más santo! Seré capaz de decir en un sentido doble, “¡Gran Dios,
soy limpio, por medio de la sangre de Jesús soy limpio, y a través de la
obra del Espíritu, también soy limpio!” ¿No debemos ensalzar el poder
del Espíritu Santo que nos hace aptos para estar ante nuestro Padre en
el cielo?
 2. Otra gran obra del Espíritu Santo que no está cumplida todavía es
la de traer la gloria del último día. En unos cuantos años, no sé cuando,
no sé cómo, el Espíritu Santo será derramado en una forma muy diferente
que en el presente.
 Hay diversidades de operaciones. Y durante los últimos años ha sido
el caso que las operaciones diversificadas han consistido en muy poco
derramamiento del Espíritu. Los ministros siguen una rutina monótona,
continuamente predicando, predicando, predicando y poco bien se
ha hecho. Tengo la esperanza de que tal vez una nueva era ha amanecido
sobre nosotros y que habrá un mayor derramamiento del Espíritu
Santo ahora.
 ¡Porque llega la hora y puede ser justo ahora cuando el Espíritu Santo
será derramado otra vez, de una manera tan maravillosa que muchos
correrán de un lado a otro y se incrementará el conocimiento! ¡El conocimiento
del Señor cubrirá la tierra así como las aguas cubren la superficie
de los grandes abismos!
 Vendrá Su reino y Su voluntad será hecha en la tierra como lo es en
el cielo. No estaremos esforzándonos para siempre como Faraón, sin las
ruedas de su carruaje. Mi corazón se alegra y mis ojos brillan con el
pensamiento de que muy probablemente viviré para ver como se vierte
así el Espíritu cuando, “los hijos y las hijas de Dios otra vez profetizarán
y los jóvenes verán visiones y los ancianos soñarán sueños.”
 Tal vez no habrá dones milagrosos porque no serán requeridos. Pero
sin embargo habrá tal cantidad milagrosa de santidad, tal extraordinario
fervor de oración, tal real comunión con Dios y tanta religión vital y
tanta difusión de las doctrinas de la cruz, que todo mundo verá que
verdaderamente el Espíritu es derramado como agua y las lluvias descienden
de arriba. Oremos por eso, laboremos continuamente por eso y
busquémoslo de Dios.
Sermón #30 El Poder del Espíritu Santo 11
Volumen 1 www.spurgeon.com.mx 11
 3. Otra obra más del Espíritu, que manifestará de manera especial
Su poder, será la resurrección general. Tenemos razón para creer por la
Escritura que la resurrección de los muertos aunque será efectuada por
la voz de Dios y de Su Palabra (el Hijo) también será efectuada por el
Espíritu. Ese mismo poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos,
también vivificará los cuerpos mortales.
 El poder de la resurrección es tal vez una de las mejores pruebas de
las obras del Espíritu. ¡Ah, mis amigos, si pudiéramos desprender el
manto de esta tierra por un momento, si el verde césped pudiera cortarse
y pudiéramos ver dos metros abajo en sus profundidades, qué
mundo aparecería!
 ¿Qué veríamos? Huesos, esqueletos, podredumbre, gusanos, corrupción
Y ustedes dirían, ¿Vivirán estos huesos secos? ¿Se pueden levantar?
“¡Sí, en un momento! En un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta,
los muertos serán resucitados.” Él habla, ¡Están vivos! ¡Véanlos
dispersos, el hueso se junta con su hueso! ¡Véanlos desnudos, la carne
los recubre nuevamente! Véanlos aún sin vida. “¡Ven de los cuatro vientos,
oh, aliento y sopla sobre estos muertos!” Cuando el viento del Espí-
ritu Santo viene, ellos viven y estarán de pie como un gran ejército.
 Así he intentado hablarles del poder del Espíritu y confío que se los
he podido mostrar. Ahora debemos dedicar un momento o dos para una
conclusión práctica. ¡Cristiano, el Espíritu es muy poderoso! ¿Qué concluyes
de ese hecho? ¡Pues que tú nunca debes desconfiar del poder de
Dios para llevarte al cielo! ¡Oh, qué dulce verso es ése que impresionó
mi alma el día de ayer!—
“Su probado brazo todopoderoso
Está levantado para tu defensa.
¿Dónde está el poder que pueda
Alcanzarte en tu refugio
O que pueda arrancarte de allí?
 El poder del Espíritu Santo es tu baluarte y toda Su omnipotencia te
defiende. ¿Pueden conquistar tus enemigos a la omnipotencia? Entonces
pueden conquistarte. ¿Pueden luchar con la Deidad y arrojarla al
suelo? Entonces ellos pueden conquistarte. Pero eso no sucederá, porque
el poder del Espíritu es nuestro poder, el poder del Espíritu es
nuestra fortaleza.
 Y una vez más, cristianos, si éste es el poder del Espíritu ¿por qué
habrían de dudar de algo? Ahí está tu hijo, ahí está tu esposa por la
que has suplicado con tanta frecuencia, no dudes del poder del Espíritu.
“Aunque tardare, espéralo; porque sin duda vendrá, no tardará.” Ahí
está tu esposo, oh santa mujer, has luchado por su alma y aunque es
un infeliz tan endurecido y desesperado que te trata mal, hay poder en
el Espíritu.
 Oh ustedes que han salido de iglesias desoladas con muy escasas
hojas en el árbol, no duden que el poder del Espíritu los levante. Porque
será “lugar donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada.”
Abierto, pero deshabitado hasta que el Espíritu se derrame desde
arriba.
 Y entonces el suelo árido será convertido en un estanque y la sedienta
tierra tendrá fuentes de agua. Entonces en las habitaciones de los
dragones, en donde cada uno de ellos yace, habrá pasto con carrizos y
juncos y ustedes ¡Oh miembros de este templo! Ustedes que recuerdan
12 El Poder del Espíritu Santo Sermón #30
12 www.spurgeon.com.mx Sermón #30
lo que Dios ha hecho especialmente para ustedes, nunca desconfíen del
poder del Espíritu. Ustedes han visto el desierto florecer como el Carmelo.

 Ustedes han visto el desierto florecer como una rosa. Confíen en Él
para el futuro. Salgan pues y laboren con esta convicción: el poder del
Espíritu Santo es capaz de todo, vayan a su escuela dominical, vayan a
distribuir sus folletos, vayan a su empresa misionera, vayan a predicar
en sus habitaciones con la convicción de que el poder del Espíritu es
nuestra gran ayuda.
 Y ahora por último, a ustedes pecadores. ¿Que más tenemos que decirles
acerca de este poder del Espíritu? Estoy convencido que hay esperanza
para algunos de ustedes. Yo no puedo salvarlos, yo no puedo
conmoverlos, a veces puedo hacer que lloren, pero se secan sus ojos y
todo ha terminado, pero yo sé que mi Señor sí puede. Ese es mi consuelo.
Tú, el primero de los pecadores, hay esperanza para ti, este poder te
puede salvar como a cualquiera. Es capaz de romper tu corazón aunque
sea de hierro, puede hacer que de tus ojos broten las lágrimas, aunque
hayan sido como rocas anteriormente.
 Su poder es capaz hoy, si Él lo quiere, de cambiar tu corazón, de
modificar la corriente de todas tus ideas, de hacerte de inmediato un
hijo de Dios, de justificarte en Cristo. Hay poder suficiente en el Espíritu
Santo. Él puede traer a los pecadores a Jesús. Él es capaz de hacerte
querer en el día de Su poder ¿Quieres esta mañana? ¿Ha ido Él tan lejos
como para hacer que desees Su nombre, para hacer que desees a
Jesús?
 Entonces, ¡oh pecador! Mientras Él te atrae di, “atráeme soy infeliz
sin Ti.” Síguelo, síguelo y a medida que Él te conduzca, pisa sobre sus
huellas y regocíjate de que Él ha iniciado una buena obra en ti, porque
hay una evidencia de que Él continuará haciéndolo hasta el final. Y ¡oh,
tú abatido! pon tu confianza en el poder del Espíritu, descansa en la
sangre de Jesús y tu alma es salva, no solamente ahora sino a través de
la eternidad. Que Dios los bendiga a ustedes, mis lectores. Amén.
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