domingo, 23 de agosto de 2015

Cesar Castellanos - Elegidos Por Dios




Moisés fue uno de los líderes más grandes de la historia. Dios tenía un propósito definido para desarrollar a través de él, que era la liberación de Su pueblo. Esto implicaba un arduo y profundo trabajo en su carácter a fin de alistarlo para realizar la misión que luego le confiaría; al Señor le tomó cuarenta años moldearlo.


Después le reveló Su propósito al decirle: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto” (Éxodo 3:7a). Moisés había vivido tantas luchas internas en el pasado que le parecía increíble ser un instrumento en las manos divinas para hacer proezas. Por tal motivo, buscó evadir esa responsabilidad presentando su propio argumento: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11). Ante el llamado de Dios, la duda es nuestra primera reacción.

El desierto había logrado quebrantar al antiguo Moisés, había desaparecido ya todo el orgullo que traía luego de vivir en el palacio del Faraón. Ya no era más un autosuficiente, sino un hombre quebrantado, sencillo y humilde que se sentía incapaz de hacer cosas por sí solo. Dios tuvo que decirle: “Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (Éxodo 3:12).

Lo mismo nos dice el Señor hoy: “Independientemente de lo que piensas de ti mismo, Yo estoy contigo. No hablarás de ti sino acerca de Mí”. Usted necesita Su presencia y Él necesita una vida quebrantada en Su altar. Si se rinde a Él, Dios podrá usarlo y usted será un canal de bendición para miles.

Cuando el siervo del Señor ha pasado por el quebrantamiento, su vida está dispuesta para cumplir el propósito de Dios en esta tierra, pues ya no tendrá nada de sí en lo cual apoyarse sino que toda su fuerza estará solo en Dios y por toda gran conquista el Señor recibirá la gloria.

Un joven se graduó en un instituto bíblico y se consagró al Señor como misionero al África. Luego de prepararse y cuando todo estaba listo, sufrió un accidente automovilístico y perdió una pierna. En gran llanto decía: “Dios, mi único anhelo es predicar el evangelio a los caníbales africanos. ¿Por qué permites que pierda una pierna?” Dios se mantuvo callado. De todas maneras, creyó que todo obra para bien para los que aman a Dios. Se puso una pierna de goma y fue al África.

Predicando el evangelio, lo capturó un caníbal. El jefe de la tribu convocó a las tribus vecinas para una fiesta, pues el plato principal de la noche sería un hombre blanco. Pero el joven sacó la pierna de goma y la tiró, diciendo: “Soy blanco, pero mi carne no les gustará, no les será de provecho”.

Los caníbales corrieron hacia la pierna de goma y comenzaron a masticarla, pero no les gustó. Todos intentaban irse del lugar y el jefe de la tribu les dijo: “¡Este no es un hombre, sino un dios! ¿Cómo puede ser la carne tan dura y sin sabor?” Se postraron ante el joven en señal de arrepentimiento. Luego de oír el mensaje del evangelio, el jefe de la tribu reunió a todas las tribus vecinas y se arrepintieron delante de Dios.
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