lunes, 27 de julio de 2015

Marco Barrientos - El Corazon Paternal De Dios




Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, les respondió con el famoso modelo de oración conocido como el Padre Nuestro. Les dijo:

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. (Mt 6:9)

Esta instrucción de Jesús, que para nosotros es tan familiar, seguramente ocasionó en los discípulos un profundo impacto. Ellos estaban acostumbrados a referirse a Dios como Elohim y Adonai, el Dios Todopoderoso; pero no estaban acostumbrados a llamarle Padre. Conocían al Dios de Abraham, Isaac y Jacob como el Dios Soberano, Grande y Temible. Pero cuando Jesús instruyó a los discípulos que llamaran al Dios de Israel su Padre, les estaba invitando a entrar en una dimensión de relación con Dios que ellos no conocían.


Yo creo que una de las revelaciones más importantes que podemos tener es el apreciar a Dios como nuestro padre, y reconocer que ya no somos huérfanos.

Por esta razón, quiero compartir contigo cuatro verdades que te ayudarán a abrazar esta verdad y a apreciar que Dios envió a su propio Hijo a la tierra para pagar nuestra deuda, abrir la puerta de la prisión en la que nos encontrábamos, y mostrarnos el camino de regreso a casa.

1. El Padre te tiene buena voluntad

Cuando Jesús nació, se escucharon las voces de los ángeles diciendo:

Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres. (Lucas 2:14)

Esta exaltación dejó en claro, desde el nacimiento del Mesías, la disposición del corazón de Dios: ¡Jesús vino a manifestar la buena voluntad de Dios Padre!

Ahora, permíteme hacer la siguiente aclaración: La buena voluntad no proviene de nosotros – como el mensaje navideño de una famosa bebida lo sugería hace algún tiempo al decir “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” - la buena voluntad provino de Dios hacia nosotros, para rescatarnos de la condición en la que nos encontrábamos. Aun cuando nuestra condición era como la de los cretenses a los que hace referencia el apóstol Pablo, como hombres mentirosos, malas bestias, y glotones ociosos (Tito 1:12), Dios nos tuvo misericordia y por gracia nos salvó.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (Efesios 2:4-5)

Dios sabía que necesitábamos desesperadamente de Su paz y por eso no le importó nuestra condición. A pesar de que muchos nos encontrábamos corriendo de Su presencia, nos tuvo buena voluntad.

2. El Espíritu Santo te anhela

Uno de los versos del Nuevo Testamento que mas han moldeado mi manera de pensar con respecto al corazón de Dios se encuentra en el libro de Santiago:

¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? (Sant 4:5)

Si Dios nos desea profundamente, y nos persigue con su amor, Él está continuamente ejerciendo sobre nosotros una fuerza de atracción espiritual. Así como existe una ley de física (ley de la gravedad) que explica porque un cuerpo de mayor masa (el planeta tierra) ejerce una fuerza de atracción sobre un cuerpo de menor masa (nuestro cuerpo humano), existe una ley espiritual de atracción espiritual, que hace que constantemente nos sintamos atraídos en nuestro espíritu por la Gloria de Dios.

Así como podemos saltar con todas nuestras fuerzas y solamente separarnos por unos instantes de la tierra, porque la masa de la tierra es muchísimo más grande que la de nuestro cuerpo, de igual manera podemos tratar de alejarnos de Dios, pero nunca podremos huir del anhelo de Su Espíritu.

¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. (Sal 139:7-10)

Nada ni nadie nos puede quitar el anhelo por Dios. Aunque las nubes oscuras de las tentaciones de este mundo amenacen tu mente con un manto de incredulidad y confusión, te aseguro que el anhelo del Espíritu Santo jamás dejará de atraerte hacia Su Presencia.

3. Dios se ha acercado a ti

El libro de Cantar de los Cantares nos dice:

¡La voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los montes, Brincando sobre los collados. (Cant 2:8)

Esta Escritura nos hace ver que Dios no esperó a que nos acercáramos a Él para entonces acercarse a nosotros. Que gran revelación sanadora obtiene aquel que entiende esto: antes que le buscáramos, Él nos buscó; antes que le habláramos, Él nos habló; antes que le amaramos, Él nos amó. Y no solamente Dios dio el primer paso, sino que continúa manteniendo la iniciativa en la relación con nosotros.

Un buen ejemplo de esto ocurrió cuando Jesús entró al lugar en donde los discípulos se habían escondido. Ellos se habían encerrado porque tenían miedo. Su maestro había sido crucificado, y temían lo peor. Pensaban quizás que ellos sufrirían la misma suerte. Aun cuando habían escuchado al reporte de las mujeres que Jesús había resucitado, ellos no lo habían visto y dudaban en su corazón que esto fuera cierto.

Pero nuestro precioso Dios, que nunca es impedido por nuestras dudas y que no se desanima por nuestra debilidad, no esperó a que ellos salieran a buscarlo sino que él fue donde se encontraban encerrados y traspasó las paredes de esa habitación. Jesús se paró en medio de ellos y les dijo: ¡paz a vosotros! Los rostros de los discípulos se iluminaron con la realidad de la presencia de un Dios que se acercó a ellos aún cuando dudaban y vacilaban por el temor.

Aún cuando no sabemos cómo acercarnos a Él, Jesús viene a nosotros. Aún cuando hemos perdido el camino o nos encontramos encerrados en una prisión de dudas, Él viene saltando sobre los montes y brincando sobre los collados. Reconoce que Dios ha entrado al lugar donde tú te encuentras, que ningún muro puede detenerlo, y ninguna prisión puede dejarlo afuera. Nada te podrá jamás separar de su amor.

4. El Padre Celestial no te rechaza

Una de las heridas más profundas que pueden ser causadas en el corazón de un hijo es el rechazo de su padre biológico. Si tu has sufrido este rechazo por parte de tu padre terrenal, mi oración es que recibas el Espíritu de Adopción, por medio del cual puedes llamar a Dios tu Padre. A pesar de que hayas sido profundamente lastimado por tu papá con palabras de rechazo, o con golpes y abuso, tú puedes hoy recibir la gracia de Jesucristo por medio de la cual eres adoptado, sanado y aceptado por tu Padre Celestial.

…en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. (Efesios 1:5-6)

En este verso la Palabra acepto viene de un termino griego que quiere decir ser altamente favorecido, ser agradable, ser bañado con gracia, ser abrazado con favor, ser honrado con bendición. Esta misma palabra la encontramos en Lucas 1:28 cuando el ángel Gabriel saluda a María y le dice:

¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

María fue muy favorecida por la gracia de Dios. La presencia del Espíritu Santo la cubrió y en su vientre comenzó a crecer el Salvador del mundo.

Mi oración es que hoy recibas el abrazo del amor del Padre y que el Espíritu de Adopción sane las heridas de tu alma. Si experimentas el corazón paternal de Dios, podrás vivir libre de rechazo, y disfrutar de una vida libre de rivalidades, celos y desconfianza.

Padre Bueno, te pido que derrames tu gracia sobre nuestros corazones, para que podamos comprender que nos tienes buena voluntad; que tú, amado Espíritu Santo, nos anhelas celosamente. Ayúdanos a comprender que tú diste el primer paso, que te acercaste a nosotros en Jesucristo, y que enviaste al Consolador, el Espíritu de adopción por el cual podemos llamarte Padre. Gracias porque nos has sanado con tu amor, del cual nunca jamás seremos separados.

Amén.
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