lunes, 13 de julio de 2015

Joel Osteen - Cuide Lo Que Dice




Si usted se encuentra hoy mismo en medio de una tormenta, ahora con más ganas necesita cuidar lo que diga y no permitir que palabras negativas y destructivas salgan de su boca. La Escritura dice: “La muerte y la vida están en poder de la boca; y el que la ama comerá de sus frutos”.

En otras palabras, usted crea un ambiente ya sea de bien o de mal con sus palabras, y tendrá que vivir en el mundo que usted ha creado. Si siempre está murmurando, quejándose y hablando de qué tan malo ha sido su vida, usted vivirá en un mundo bastante miserable y deprimente. Será tentado a simplemente usar palabras para describir situaciones negativas, pero Dios quiere que usemos nuestras palabras para cambiar nuestras circunstancias negativas. No hable del problema, hable de la solución.


La Biblia claramente nos dice que debemos hablar a nuestras montañas. Quizá su montaña es la enfermedad; posiblemente su montaña es una relación que está en problemas; quizá su montaña es un negocio que no anda bien. Cualquiera que sea su montaña, tiene que hacer más que pensar en ella, más que orar al respecto; tiene que hablarle al obstáculo. La Biblia nos enseña que el débil deberá decir que es fuerte.

Comience a decir que usted es sano, contento, completo, bendecido y prosperado. Deje de hablarle a Dios sobre cuán grande es su montaña y ¡comience a hablarles a su montaña sobre cuán grande es su Dios!

Me encanta lo que hizo David cuando enfrentó a Goliat. No murmuró ni se quejó diciendo: “Dios, ¿por qué siempre son tan enormes mis problemas?” No, él cambió todo su ambiente por medio de las palabras que salieron de su boca. No meditó en el hecho de que Goliat era tres veces más grande que él, ni tampoco reflexionó demasiado en el hecho de que Goliat era un soldado con destreza y él sólo era un pastor de ovejas. No, no se enfocó en la magnitud del obstáculo que tenía ante él, sino que decidió enfocarse en la grandeza de su Dios. Cuando Goliat vio qué tan pequeño y joven era David, comenzó a reírse. Se burló: “¿Acaso soy un perro que vienes contra con un palo?”.

Pero David lo miró a los ojos, y con gran determinación, dijo: “Mira, Goliat, tú has llegado contra mi con espada y escudo, pero yo vengo contra ti en el nombre del Señor Dios de Israel”.

¡Esas son palabras llenas de fe! Fíjese también que él dijo las palabras en voz alta. No sólo las pensó, ni simplemente las oró, él habló directamente a la montaña que era el hombre parado ante él, y dijo: “Yo te derrotaré y daré tu carne a las aves del cielo este mismo día”. Y con la ayuda de Dios, ¡hizo exactamente eso!

Esas son la clase de palabras que usted debe aprender a hablar en sus circunstancias cotidianas, y especialmente en los tiempos de crisis y adversidad. Cuando esté enfrentando obstáculos en su camino, deberá decir con confianza: “Mayor es el que está en mí que el que está en el mundo. Ninguna arma forjada en contra de mí prosperará. Dios siempre me causa triunfar”.

Deje de preocuparse y quejarse del obstáculo, y comience a dirigirle sus palabras. Deje de quejarse de la pobreza y la escasez y comience a declarar: “Dios suple abundantemente todas mis necesidades”. Deje de molestar a aquel amigo o familiar que no están sirviendo al Señor y comience a declarar: “Pero yo y mi casa serviremos al Señor”. Deje de lamentarse porque nada bueno nunca le sucede y comience a declarar: “Todo lo que mi mano toca prospera y sale bien”. Tenemos que dejar de maldecir la oscuridad. Comencemos a ordenar a la luz que venga.

Amigo, hay un milagro en su boca. Si quiere cambiar su mundo, comience a cambiar sus palabras. Cuando los momentos difíciles lleguen, no se dé a las murmuraciones, disputas y quejas. Hable a aquellos problemas. Si aprende a hablar las palabras indicadas y mantiene la actitud correcta, Dios cambiará esa situación.

Usted puede estar pensando: Esto suena demasiado bueno para ser verdad, Joel. ¡Yo sé que es verdad! Yo vi el poder de nuestros pensamientos y palabras cambiar una situación imposible en mi propia familia, en un milagro médico en el presente.  Ándele, permítame contárselo:

En 1981, a mi mamá le diagnosticaron cáncer y le dieron sólo unas semanas de vida. Nunca se me olvidará el golpe que me fueron esas noticias para nuestra familia. Nunca había visto a mi mamá enferma ni un día toda mi vida: era extremadamente sana y activa. Le encantaba estar afuera, trabajando en su jardín, cuidando sus plantas.

Yo estaba fuera de mi casa, en la universidad, cuando llegó el reporte del doctor. Mi hermano, Paul, me habló y dijo: “Joel, Mamá está muy, muy enferma”

“¿Qué quieres decir, Paul? ¿Le dio alguna gripa o algo por el estilo?”

“No, Joel”, replicó Paul: “Está bajando de peso, su piel está amarilla, y está demasiado débil; tiene un problema muy grave”.

Mi mamá estuvo en el hospital por veintiún días, mientras los doctores hacían análisis tras análisis. Mandaron sus pruebas a laboratorios en todo el país, con la esperanza de encontrar algo que le pudiera ayudar. Finalmente, regresaron con el muy temido reporte que tenía un  cáncer metastásico del hígado. Sacaron a mi papá al pasillo y le dijeron: “Pastor, no nos gusta tener que decirle esto, pero su esposa solo tiene unas semanas de vida. No meses, semanas…”

La ciencia médica había llegado a los límites de lo que podía hacer. Los mejores y más brillantes doctores del mundo habían hecho todo lo posible, así que básicamente mandaron a mi mamá a su casa para morir.

Les expresamos nuestro sincero agradecimiento a los doctores y al personal del hospital por todo su esfuerzo, pero rehusamos aceptar sus opiniones. Estoy agradecido por los doctores, los hospitales, la medicina y la ciencia, pero los profesionales médicos sólo pueden presentar lo que les están diciendo sus reportes. Gracias a Dios que usted y yo podemos apelar a una Autoridad mayor. Siempre podremos conseguir otro reporte. El reporte de Dios dice: “Te restauraré la salud y sanaré tus heridas”.

Servimos a un dios sobrenatural. Él no está limitado por las leyes de la naturaleza y puede hacer lo que los humanos no pueden hacer. Él puede abrir un camino en nuestra vida cuando parece que no hay ninguno. Esa fue nuestra oración para la vida de mi mamá.

Y mi mamá nunca se dio por vencida; rehusó hablar palabras de derrota. No se quejaba de qué tan enferma estaba o cuán débil se sentía, o qué terrible era su vida, o cómo no había esperanza para su situación. No, ella decidió poner las palabras de Dios en su mente y en su boca.

Comenzó a hablar palabras llenas de fe. Comenzó a llamar la salud y sanidad. Durante todo el día, la oíamos por toda la casa hablando en voz alta: “Viviré y no moriré, y declararé las obras del Señor”. ¡Parecía una Biblia andando!

Yo le decía: “Mamá, ¿cómo estás?”
Ella decía: “Joel, soy fuerte en el Señor y en el poder de su fuerza”.

Buscó en su Biblia y encontró como treinta o cuarenta pasajes preferidos tocantes a la sanidad. Los apuntó, y cada día, ella los leía y los hablaba confiadamente en voz alta. La veíamos caminando afuera de la casa, diciendo: “Con larga vida, Él me satisface y me muestra su salvación”.

Mi madre mezcló sus palabras con las Palabras de Dios, y algo poderoso comenzó a suceder. Empezaron a cambiar sus circunstancias. No fue de un día para otro, pero poco a poco, ella se comenzó a sentir mejor; le regresó su apetito y su peso comenzó a aumentar. Lenta pero seguramente, sus fuerzas regresaron.

¿Qué estaba sucediendo? Dios estaba cuidando su palabra para cumplirla. Dios le estaba restaurando a ella su salud y sanando sus heridas. Algunas semanas pasaron y Mamá mejoró un poco más. Pasaron algunos meses, y seguía aun mejor. Pasaron unos cuantos años, y ella siguió declarando la palabra de Dios. Hoy día, han pasado más de veinte años desde que recibimos el reporte que a mi mamá sólo le quedaba unas semanas de vida. Al escribir estas palabras, Mamá está completamente libre del cáncer, ¡sanado por el poder de la Palabra de Dios!

Y ella sigue declarando la Palabra de Dios. Cada mañana se levanta y revisa las mismas escrituras sobre la sanidad, sigue hablando esas palabras de fe, victoria y salud sobre su vida. No sale de su casa antes de hacerlo. Y además, le encanta recordarle al “Sr. Muerte” que él no tiene ningún poder sobre su vida, ya que cada vez que mi madre pasa por un cementerio, literalmente grita: “¡Me satisface con larga vida y me muestra su salvación!” La primera vez que hizo eso mientras yo iba en el carro con ella, ¡casi me salgo de mi asiento por el susto que me dio! Pero Mamá rehúsa darle al enemigo cualquier entrada.
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