martes, 15 de noviembre de 2011

Apostol Sergio Enriquez - Lo que Jesus No hizo

El Señor Jesucristo debe ser el parámetro de lo que debemos ser en la tierra, de tal manera que el que dice que está enamorado de El, debe caminar como Jesús lo hizo cuando estuvo en la tierra; no se trata que lo hagamos como El camino ahora, sino cuando estuvo sobre la tierra desarrollando Su ministerio. Sin embargo debemos comprender que el verbo en sí, nunca empezó en la tierra, porque de otra forma no podría ser Dios, si hubiera empezado en la tierra entonces tendría principio y fin, pero no es así; Cristo había visitado la tierra en sus diferentes manifestaciones y en determinado momento el Padre le preparó un cuerpo y el Espíritu Santo lo engendró para caminar en la tierra en santidad, sin pecado y fue precisamente por eso que El; por medio de la muerte de cruz, se hizo maldición para quitarla de nuestra vida, y que pudiéramos tener acceso al Padre. Cuando Jesús muere en el madero en forma de cruz; en ese preciso momento dejamos de ser malditos para empezar el proceso de bendición en nuestra vida el cual se ha desarrollado desde hace más de 2000 años. De tal manera que entonces Jesús viene en un momento y nos pone en la misma condición en la que El está.

Por eso vemos que el Apóstol Pablo dice en las epístolas, respecto a que alcancemos la estatura del varón perfecto, como la que Jesús tuvo; esta es una de las metas para continuar a la siguiente meta, porque la siguiente es: en la medida de la plenitud de Cristo. Por eso dijo David  en el Salmo 17:15 que él estaría satisfecho hasta el día que desperatara a Su semejanza; lo cual es lo mismo que nosotros deberíamos anhelar. Como le sucedió al personaje que se encontró la reina de Sabá, ella pensó que era el rey Salomón al que había encontrado; porque la gloria de aquella casa era tal, que los siervos reflejaban al mismo rey Salomón. Eso mismo es lo que nosotros debemos anhelar, ser llenos de la presencia de nuestro Señor Jesucristo al grado que no se vea nuestra semblanza, sino, la luz de Jesús en todo momento; esa es una de las metas en el evangelio, la manifestación de Cristo en nuestra vida, que el mundo vea en cada uno de nosotros a nuestro Señor Jesucristo.
Por esa razón hemos sido traídos a la casa de nuestro Señor, para que en la medida que nosotros le permitamos al Espíritu Santo que no opere en nosotros y nos equipe a través de Sus ministros; podamos entonces asimilar Su enseñanza y que vayamos cambiando día con día hasta que seamos como Jesús. Es por eso que en la Santa Cena, cuando comemos la carne de Cristo, tipificada en pan; y llega a nuestro interior, inicia una regeneración para que nuestra carne sea sustituida por la de El y entonces caminemos como Jesús caminó cuando estuvo en la tierra como el Cordero de Dios.
El Apóstol Pablo decía que quería alcanzar aquello para lo cual había sido alcanzado, pero para que eso se cumpla, debemos caminar como Jesús caminó mientras desarrollaba Su ministerio; obviamente eso no significa que tengamos que hacerlo bajo la ley de aquel entonces y que entonces tengamos que usar sandalias y túnica; sino que se refiere a caminar en la santidad en la que Jesús anduvo.
Del tal manera entonces; necesitamos hacer las cosas que El hizo, pero también lo que no hizo, y en ambos casos llenos del Espíritu Santo, porque El dijo que las cosas que El hizo, nosotros haríamos y aun mayores porque El iba al Padre; eso significa que haremos lo que Jesús no hizo, pero haciendo lo que El hizo.
Estaba enfermo cierto hombre, llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era aquella María que ungió al Señor con ungüento, y enjugó sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Las hermanas, pues, le enviaron recado, diciendo: Señor, el que amas está enfermo. Empero Jesús, al oír esto, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para gloria de Dios, para que sea glorificado el Hijo de Dios por medio de ella. Y Jesús amaba a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días todavía en aquel mismo lugar donde estaba. Entonces después de esto, dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. (Juan 11:1-7 VMP)
Marta entonces dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Mas yo sé que aun ahora, todo cuanto pidieres a Dios, Dios te lo dará. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto? (Juan 11:21-26 VMP)
Jesús no atendió inmediatamente el llamado para sanar a Lázaro, con eso hizo, lo que no hizo; lo cual fue no responder al favor que las hermanas de Lázaro le habían enviado a pedir; sino que regresó hasta que estaba muerto, porque lo que debía hacer era resucitarlo y para eso, necesitaba que estuviera muerto, para que el nombre de Dios fuera glorificado; por eso le dijo a Marta que El les había enseñado que si creían, verían la gloria de Dios, porque El era la vida y el que en El crea no moriría jamás. Pero entonces existen cosas que Jesús no hizo para que nosotros aprendamos de lo que El no hizo.
Mas Jesús respondiendo, le dijo: Consiente ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces lo consintió. (Mateo 3:15 VMP)
El versículo anterior pertenece a la narración cuando Juan El Bautista está ejerciendo su ministerio y había una especie de revolución en Jerusalén por lo que él estaba haciendo; le hablaba a los pecadores diciéndoles a la cara que estaban en pecado; y de pronto ve cuando nuestro Señor Jesucristo se acerca a él para que lo bautice, aunque la primera impresión de Juan El Bautista fue pedirle a Jesús que lo bautizara porque él no era digno de desatar la correa de Su calzado; sin embargo era necesario que se cumpliera con toda justicia, que se cumplieran los principios que el Padre había establecido en el Antiguo Testamento con relación al cambio de sacerdocio; por el orden sacerdotal al que Juan El Bautista pertenecía, y que en ese momento se lo estaba trasladando al noveno orden sacerdotal el cual pertenecía entonces a Jesús.
Pero lo que nos deja ver le cita anterior es que de pronto podía surgir un problema con el bautismo de Jesús; porque Juan El Bautista podía decir que a través de él, había sido activado el ministerio de Jesús; de alguna forma debía existir una especie de confrontación en ambos ministerios, pero sobresaliendo la humildad que cada uno llevada dentro. Entonces lo que Jesús hizo fue que no midió lo que otros puedan medir para recibir la bendición o para cumplir los preceptos de Dios sin estarnos elevando más de lo debido; porque eso fue lo que hizo Jesús; en ningún momento se exaltó sobre Juan, sino que hizo lo que debía hacer por la orden divina en humildad y obediencia al Padre.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. (Juan 6:11-15 RV 1960)
Jesús no permitió que lo hicieran rey porque Su reino en ese momento, no era de este mundo. Lo que no hizo fue permitir que lo hicieran; y que eso lo sacara del Su propósito de estar en la tierra como el Cordero de Dios. Esto mismo es lo que nosotros debemos hacer; no permitir que ninguno nos desvíe de nuestro propósito de estar en la tierra con una orden de parte de Dios; pero para eso, también necesitamos saber a qué venimos a la tierra y después que lo hayamos averiguado, trabajar en alcanzar aquello por lo cual fuimos alcanzados.
Jesús, por tanto, dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que me ha dado mi Padre, ¿acaso no la he de beber? (Juan 18:11 VMP)
Lo que no hizo Jesús fue quitarle la espada al Apóstol Pedro, ¿por qué?, porque el evangelio no es impositivo sino que expositivo; lo que nosotros debemos hacer es enseñar la palabra de Dios para que los que nos escuchen sean llenos del Espíritu Santo y como consecuencia dejarán aquello que deben dejar, pero sin que haya necesidad de imponerlo, sino exponiéndolo en todo tiempo; por eso debemos ver qué fue lo que Jesús hizo y qué fue lo que El no hizo.
Y le ofrecieron vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. (Marcos 15:23 VMP)
Jesús estaba por morir, sin embargo no permitió mezclas en Su interior, no permitió humanismo para poder morir. Si queremos hacer lo que Jesús hizo y no hacer lo que El no hizo, debemos anhelar la llenura del Espíritu Santo porque de otra forma no lo podremos lograr. Por eso es importante que estemos clamando por esa llenura y que nos congreguemos para que de alguna manera seamos contagiados de aquellos que otros tienen, que seamos contagiados por lo que otros anhelan de parte de Dios y que mantengamos la unidad del Espíritu.
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