martes, 13 de julio de 2010

Apostol Sergio Enriquez - Recuperando La Semejanza

En la primera parte de este estudio, el día 4 de julio 2010; estuvimos estudiando la similitud entre la Santa Cena y el Bautismo en agua; de los cuales podemos decir que son un misterio bastante grande y no podemos pretender saberlo todo, menos aun impartirlo en un tiempo determinado porque sería como estar aseverando que conocemos a profundidad determinada área de los misterios de Dios, lo cual no es así, sino que, conforme transcurre el tiempo, vamos experimentando los cambios que Dios permite en nuestra vida a través de los procesos en nuestra vida.
Haciendo referencia al Bautismo en agua; algunos cristianos aseguran que fueron bautizados solamente por el compromiso de complacer a sus padres, y no por la convicción de una ordenanza de Dios; entonces en ese momento, podemos poner en tela de duda si fue un acto de obediencia en su corazón. Sin embargo las repercusiones que se pueden tener al sujetarnos en obediencia a lo que Dios nos demanda que actuemos, son verdaderamente impresionantes porque algo que debemos aprender es, que todo lo que hacemos dentro del pueblo de Dios, tiene una razón de ser, de otra manera, seríamos autómatas o robots que estaríamos en una religión como muchas veces lo vemos en reportajes especiales de televisión, muchos religiosos hacen actos que quizá ni siquiera ellos comprenden en lo más mínimo, y si les pudiéramos preguntar la razón por la cual hacen determinados ritos religiosos, quizá nos encontraríamos con una respuesta tan simple como esta: porque todos los hacen; o con alguna respuesta filosófica de su propia religión. Es por eso que nosotros como pueblo de Dios, debemos saber el por qué hacemos todo lo que hacemos y hacia dónde nos conduce, porque si verdaderamente amamos a Dios, debemos saber la forma de cómo lo podemos agradar para entonces sujetarnos en obediencia a El, y buscar la sonrisa de Dios agradándose de nuestra vida.
A los que de antemano conoció, también los predestinó a ser como su Hijo y semejantes a él, a fin de que sea el primogénito en medio de numerosos hermanos. (Romanos 8:29 BLA)
Adentrándonos propiamente en la continuación de este estudio, haremos una reseña de lo que empezamos viendo en la primera parte; en la cual enseñamos que dentro del plan inicial de Dios, estaba el hecho de hacer al hombre a Su imagen, conforme a Su semejanza; eso fue lo que Dios quiso inicialmente de la humanidad; con esto debemos comprender que Dios en ningún momento fracasó en el intento de Su plan, porque El no fracasa nunca en nada. Pero entonces Dios se propuso esa sublime característica para la humanidad, no obstante que al ojo humano parecería que se había echado a perder; el hombre perdió la semejanza de Dios cuando pecó y de pronto, después de haber caído en pecado y tomar otro rumbo su existencia; Adán engendró a Set a su propia imagen; no lo engendró a la imagen de Dios, aunque el propósito de Dios era que lo engendrara a Su imagen; entonces partiendo de que Set no tendría esa característica imprescindible para continuar con el plan de Dios; El decide la solución para Su propio plan y entonces es cuando el Hijo de Dios se prepara para descender a la tierra a semejanza de los hombre, pero sin pecado; el Hijo de Dios desciende para hacerse semejante a los hombre, pero no igual a los hombres, porque lo distinguía un detalle muy elemental: el Hijo de Dios no vino con pecado ni pecó nunca estando en condición de hombre. Entonces sí se parecía a nosotros, pero sin pecado; era el reinicio de Adán, por eso en la Biblia lo encontramos como el postrer Adán. Pero entonces Dios Padre lo envía a la tierra, nos encuentra a nosotros, como representantes de la humanidad caída; y como el propósito de Dios es que nos parezcamos al postrer Adán como primer paso, pero el propósito de Dios no termina ahí; El vino a recuperar lo que se había perdido; no una vida llena de una religión evangélica, ni de cualquier otra religión; el propósito para nosotros es que seamos semejantes al Hijo de Dios quien no tiene pecado. Entonces lo primero que hace es que muere por nosotros y en Su cuerpo condena al pecado, para que a nosotros no nos vean con pecado y nos veamos semejantes a El, pero para eso, primero debemos morir al mundo y sus afanes. Ahora bien; lo que Dios desea es que demos otro paso para que seamos semejantes al postrer Adán y después al siguiente paso.
Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo... (Efesios 4:11-13 LBLA)
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo... (Efesios 4:11-13 RV 1960)
Una vez que hemos alcanzado la meta de llegar a ser semejante al postrer Adán, debemos continuar al siguiente paso el cual es que seamos semejantes a Cristo. Dicho en otras palabras, podemos decir que el primero paso es parecernos a Jesús y el segundo paso, es parecernos a Cristo, lo cual no es lo mismo, porque Jesús es el ungido y Cristo es el ungido pero resucitado. Entonces, por difícil que nos parezca asimilar esta doctrina; Dios Padre nos predestinó para parecernos a Dios Hijo, y lo que nos puede estar sucediendo en algún momento es que algunos podemos parecer, unos más que otros al Dios Padre; es como sucede en toda familia de la tierra, algunos hijos se parecen más en determinadas características al padre o a la madre y entre los mismos hermanos, se parecen unos a otros hasta que finalmente conforme van madurando, todos se llegan a parecer a los padres; lo mismo puede suceder en lo espiritual; en determinado momento nos pueden decir que nos parecemos en nuestra forma de hablar y nos identifican como miembros de cierta parte del cuerpo de Cristo; o sea, pertenecer a determinada misión cristiana y nos ubican por lo que creemos o en la forma como enseñamos la palabra de Dios. Lo que estamos señalando es que cuando estuvimos en escuela del Padre:
Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. (Juan 6:45 RV 1960)
Tuvimos necesariamente que aprender del Padre y una de las instrucciones fue que viniéramos a la tierra a desempeñar determinada misión dentro de la obra de Dios identificados bajo los 5 ministerios que describe la epístola a los Efesios: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros y lo vamos hacer para alcanzar el parecernos al Dios Hijo, a fin de que un día podamos escuchar la voz del Dios Padre, refiriéndose a nosotros de la siguiente forma:
...Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. (Lucas 3:22 RV 1960)
Esa fue una frase que el Padre se inspiró en decirla para el Hijo, pero como nosotros hemos sido predestinados para ser iguales a El; podríamos alcanzar algún día esa sublime gracia de escucharlo decir, refiriéndose a nosotros también.
Interesantemente en la fiesta del Bar-Mitzvah; la culminación de la preparación que había tenido un hijo por parte de la madre, era en cuanto a la enseñanza de la Tora; después el rabino examinaba al hijo para darle su visto bueno en cuanto al conocimiento de la Tora y posteriormente se lo entregaban al padre para él enseñarle su oficio y que cuando el hijo llegara a la mayoría de edad, el padre lo pudiera presentar a la sociedad diciendo: este hijo mío es como yo, hace las cosas que yo hago, y como yo las hago. Trasladándolo a lo espiritual, podemos decir que Jesús se presentó en el templo cuando tenía 12 años de edad, demostrando mucha sabiduría de la Tora a tal grado que confundió a los maestros de la ley que estaban sentados escuchándolo. Después, cuando Jesús tenía 30 años de edad, el Padre presentó al Hijo ante la sociedad judía diciendo que El era como el Padre y que todo lo que El dijera, el Padre lo respaldaría, principalmente lo que llegara a firmar con Su sangre, eso lo respaldaría más. Pero lo interesante de todo esto es que después de eso, Jesús tuvo muchos más hermanos, de los cuales nosotros somos de ellos y cuando nos ve el Padre, dice: los haré iguales a mi Hijo porque El es el modelo a seguir.
Aunque nos parezca difícil de creer; que con el mal carácter que podamos tener, quizá hasta con los pensamiento y algunas veces las palabras que nos atrevemos a decir que podrían ser no muy honrosas; con todo y todo, el Padre haya dispuestos hacernos iguales al Hijo; pero sencillamente así lo ha decretado y a nosotros solo nos ha de quedar; creerle al Padre.
Y miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz aguda. Y otro ángel salió del templo, clamando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar te es venida, porque la mies de la tierra está madura. (Apocalipsis 14:14-15 RV1602)
¿De quién diríamos que se está hablando en la cita anterior? Lo primero que podemos decir es que no es Jesús, sino, alguien semejante al Hijo del hombre, un humano, porque es la única creación de la cual Dios dijo que la haría semejante al Hijo; pero para irnos más específicamente a quién se refiere, debemos analizar que el punto clave, es que el ángel le está dando la orden a gritos, para que segara; por consiguiente no puede ser nuestro Señor Jesucristo porque ningún ángel le podría llegar a gritar; pero un verso que nos puede ayudar para ver a qué grupo se refiere entonces; es el siguiente:
¿Qué pues es Pablo? ¿y qué es Apolos? Ministros por los cuales habéis creído; y eso según que á cada uno ha concedido el Señor. Yo planté, Apolos regó: mas Dios ha dado el crecimiento. (1 Corintios 3:5-6 RV1602)
La única característica que une al Apóstol Pablo con el Apóstol Apolos, fue precisamente su llamamiento apostólico y la tarea específica que cada uno tuvo. Entonces, si el Apóstol Apolos sembró, el Apóstol Pablo regó y Dios dio el crecimiento; podemos deducir fácilmente que el personaje al que se refiere la cita anterior, es el ministerio apostólico; es la esfera apostólica la que ha tenido la bendición de completar el proceso al volverse en segadores del final de los tiempos. Pero todo esto para llegar el punto el personaje que segador que representa en la cita anterior; es semejante a nuestro Señor Jesucristo; dicho en otras palabras, en el personaje descrito en la cita anterior; se cumplió la expectativa de ser hecho a la semejanza del Hijo. Lo que debemos comprender a estas alturas de la vida es que Dios tiene expectativas sobre nosotros y debemos esforzarnos por cumplirlas con las herramientas que nos ha dejado: el querer como el hacer.
Así que, amados míos, tal como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito. (Filipenses 2:12-13 LBLA)
Debemos comprender que el querer que podamos tener en nuestro corazón en algún momento, es porque Dios mismo lo ha puesto en nosotros; el anhelo que tengamos de llegar a ser como El es, solamente se lo podemos agradecer a Dios. Por eso es que cuando alguien no desea o no quiere el evangelio de Cristo; lo menos que debería tener es desear tener el anhelo de llegar a ser como El es; pero si alguien no quiere alcanzar ese deseo, sencillamente no está en el plan de alcanzar la estatura del varón perfecto. Es por eso que el Apóstol Pablo decia que lo que él quería hacer, no hacía; eso significa que por lo menos tenía el querer; eso es lo mismo que nosotros debemos anhelar, querer alcanzar aquello, para poderlo alcanzar.
Llegados a este punto, sigamos en todo momento la verdad con amor en nuestro trato con los demás. Así, cada vez seremos más semejantes a Cristo, que es la cabeza de la iglesia. (Efesios 4:15 Castillian)
Entonces nuestra predestinación, es que nos pareceremos al Hijo y una de las herramientas que Dios permite que tengamos para ese efecto, es el amor y el trato que debemos tener con nuestros semejantes. De aquí podemos preguntarnos específicamente: ¿qué es el trato con nuestros semejantes? Podemos simplificarlo diciendo que no deberíamos hacer distinción de personas por su clase social o raza étnica a la que pertenezcan, sino que, hijos de Dios somos en el amor de Dios y no para hacer de menos a nadie porque al que despreciemos, puede ser alguien que Dios lo tenga en un proceso de llegar a ser semejante al Hijo de Dios, a nuestro Señor Jesucristo.
"Así, nos dio promesas preciosas y valiosas; confiando en ellas, ustedes serán semejantes a Dios y podrán escapar del mundo, el cual será destruido a causa de los malos deseos de los seres humanos." (2 Pedro 1:4 PDT)
Es necesario que creamos en la palabra de Dios porque aunque pueda ser que tarden las promesas, ciertamente llegarán porque el que nos prometió; no es ningún hombre; fue Dios el que nos dio esa promesa y El no es hombre para mentir; de aquí que podemos deducir que Dios tiene determinadas situaciones que no puede hacer, por ejemplo: mentir, porque va en contra de El mismo; tampoco se puede negar a El mismo y dentro de las cosas que no puede dejar de cumplir, están Sus promesa de transformarnos a Su semejanza. Si Dios nos ha prometido que toda nuestra familia será salva, así será. Si Dios puede hacer nacer una nación en 1 día, ¿cómo no podrá terminar Su obra en nosotros para que seamos semejantes a Su Hijo? Si Dios lo prometió, El lo cumplirá.
...mas como aquel que os ha llamado es santo, semejantemente también sed vosotros santos en toda conversación; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1Pedro 1:15-16 RV2)
Si nosotros queremos utilizar las herramientas que El mismo dejó, para que se cumpla nuestra predestinación con más facilidad, solamente debemos ponerlas en práctica:
1.- Verdad
2.- Amor hacia nuestros semejantes
3.- Confianza en las cosas preciosas y valiosas que El nos ha dado
4.- Cuidar de las cosas que conversamos
Deberíamos tener mucho cuidado con lo que hablamos, porque a veces podemos dar lugar a problemas inconscientemente, de aquí que podemos ver el siguiente versículo:
Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente. (Proverbios 17:28 LBLA)
Así como el que nos llamó es Santo, nosotros debemos asemejarnos a El, en toda conversación. Este es precisamente el problema que tiene el mundo en estos momentos, porque se puede estar conversando con alguien que no da su verdadera identidad y a veces, aparentar ser del sexo opuesto, con el que está conversando, y al final, vienen los problemas que nadie se espera. Esto refiriéndonos al aumento de la tecnología que es propia del final de los tiempos y que ha venido a oscurecer su buen uso, porque las tinieblas no pierden ninguna oportunidad para buscar la forma de hacer desviar el corazón del pueblo de Dios que inconscientemente se ve envueltos en problemas de ese tipo por falta de sabiduría.
Hoy día se puede conversar por medio de una computadora, con alguien que nunca se ha visto antes; pero el problema es que eso está dejando una brecha de morbosidad que está siendo aprovechada por las tinieblas para atrapar el alma de muchas personas que están jugando con esta herramienta tecnológica. Es por eso que debemos cuidar nuestra conversación y buscar la paz y la santidad sin la cual nadie verá a Dios. Si nosotros queremos la santidad sobre nuestra vida, pero verdaderamente la anhelamos con todo nuestro corazón, Dios nos concederá el alcanzarlo porque es El, quien pone el querer como el hacer.
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