martes, 16 de febrero de 2010

Erick Muñoz - Venciendo A Tu Peor Enemigo Parte II


Referencia bíblica Romanos 7:18
“Y yo sé que en mí, esto es en mi carne, no habita el bien, (habla Pablo) porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”
Alguna vez se ha encontrado usted, al iniciar un año con nuevos propósitos que incluyen querer hacer el bien, y después se encuentra a medio camino frustrado con que hay un deseo de hacer algo bueno, pero la acción parece tan distinta a la buena voluntad.

Siéntase dichoso como el apóstol Pablo, porque a Pablo también le sucedía esto. Él decía: yo sé que en mi carne no está el bien. Dios no quiere nuestras obras, sino las obras de Jesús en nosotros, no quiere que hagamos las cosas en nuestra propia fuerza sino en el poder del espíritu Santo; si nosotros pudiésemos vencer al pecado en nuestras propias fuerzas no necesitaríamos del Espíritu Santo ni del sacrificio de Jesús en la Cruz y es por la misma razón que no podíamos vencer al pecado en nuestra propia fuerza es que necesitábamos un salvador.

Tenemos tres grandes enemigos que son el diablo, el mundo y nuestra carne. La mayoría de veces culpamos al diablo por cosas que en realidad el diablo no tiene la culpa, tanto el diablo como el mundo necesitan del tercer enemigo que se llama la carne. Sin la colaboración de la carne ni el diablo ni el mundo nos pueden hacer pecar. El énfasis está en poder gobernar por el poder del Espíritu Santo. Si se logra vencer la carne se puede vencer también al mundo y se puede vencer también a Satanás.

La Biblia menciona en Romanos 5:14 a un grupo de personas que vivió un tiempo como ningún otro. Es un grupo de personas diferente a cualquier otro grupo de personas que haya vivido y es el grupo desde Adán hasta Moisés. Ellos no pecaron de la misma manera que pecó Adán. No pecaron de la misma forma que pecó Adán, no obstante reinó la muerte sobre ellos. La razón por la que se dice que no pecaron igual es porque este grupo de personas vivieron sin la ley de Moisés. No conocieron la ley de Dios. “No matarás, No adulterarás, etc.” ellos no escucharon eso. No sabían de guardar el sábado, no sabían de los sacrificios, ni de los rituales, ellos vivieron una época donde no había una ley de Dios establecida físicamente. Ellos sabían que pecaban y que hacían mal delante de Dios. El problema era que no tenían conciencia de que en ellos moraba el mal. Decía Pablo “Yo sé que en mí mora el mal” ellos llevaban dentro de sí una herencia a causa de Adán llamada la naturaleza del pecado, su origen y su raíz. Ellos no lo sabían. Sólo sabían que pecaban mucho, pero no sabían exactamente, ni que tanto era pecado, ni que tan pecadores eran.

Era como moscas y mal olor emanando sin saber de dónde.
Unos días atrás, me metí en serios problemas. Salí al patio de mi casa a jugar basket ball y pisé algo indeseado. Tengo perros en la casa. No me di cuenta. Un pequeño “pastelito” se pegó a mi zapato y entre a casa. Hay gradas alfombradas hacia el segundo nivel. Al subir me senté y noté que un olor me seguía. De pronto vi hacia la alfombra y luego vi mi zapato y puede usted imaginarse mi impresión más el resto de la historia, tuve que quitarme los zapatos, buscar jabón y un cepillo para limpiar la alfombra que había ensuciado, utilizando mi nariz porque no tenía otra opción, luego en el piso del primer nivel, tuve que trapear todo porque no sabía donde me había parado exactamente. Creo que esto nos ha pasado a muchos.

Esto les pasaba a ellos pero ellos no podían encontrar donde estaba la fuente. Ellos no sabían que llevaban la tentación dentro de ellos mismos. Como no lo sabían, el Señor introdujo la ley para mostrarles a ellos realmente cuán pecadores eran y para mostrarles al mismo tiempo su incapacidad de vencer la naturaleza del pecado y para mostrarles las abundantes riquezas de su gracia lo que Él estaba a punto de hacer para limpiar y perdonarles de todo eso. Dicho de otra forma, ahí dice que no pecaron en la misma forma que pecó Adán, porque Adán pecó por intervención directa de Satanás. Adán no tenía la tentación adentro entonces la tentación de Adán tenia que vivir lo que el estaba a punto de hacer, así que Satanás tuvo que ir, el tentador tuvo que ir y tentarlos, a partir de Adán nosotros no necesitamos que el tentador venga, la mayoría de nosotros jamás hemos sido ni vamos a ser tentados por el diablo el diablo está demasiado ocupado como para venirlo a tentar a usted, porque Santiago claramente dice en el capítulo uno, que cada uno es tentado porque llevamos la tentación adentro. Para qué el diablo va a estar molestándose en tentarle a usted. El diablo puede sentarse y darse unas vacaciones, con un café capuchino en una silla mecedora y no tiene problemas usted va a seguir pecando. Porque Santiago dice que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Nosotros pensamos que el diablo nos tentó. No conozco una persona que realmente el Diablo le haya tentado directamente. Conozco a dos a los cuales Satanás directamente los tuvo que ir a tentar porque no tenían la naturaleza de pecado. El primero es Adán y lo tuvo que ir a tentar porque no había manera que lo tentara por dentro. El segundo es Cristo y lo tuvo que ir a buscar y lo tuvo que buscar en el desierto porque Cristo no tenía la naturaleza de pecado. Cristo no podía pecar si el tentador no hubiera venido a Él, por supuesto que Cristo nunca pecó, pero la única oportunidad que Él podía pecar era que el tentador o la tentación vinieran a Él y por eso es que vino. Pero de ahí, que él pecara de su propia naturaleza no era posible. En Lucas dice “Satanás le dejó por un tiempo”. Entonces no necesitamos al diablo para pecar ni necesitamos a los demonios para pecar, cada uno lleva su maquinita dentro como una máquina para fabricar palomitas de maíz.

Romanos 5:15
“Pero el don, no fue como la transgresión, porque si por la transgresión de aquel uno, muchos murieron, la gracia y el perdón de Dios abundaron para muchos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo”
Antes de mencionar todo lo que éste pasaje dice, le comentaré que en el capítulo cinco de romanos se repite cinco veces la expresión “Mucho más” y dependiendo de la versión de la Biblia que esté usando así se repetirá, pero en esencia se repite cinco veces. Porque donde abundó el pecado, mucho más abundó la gracia, porque si por la transgresión de uno todos murieron, mucho más por la obediencia de uno muchos alcanzan vida, si por el pecado de uno, todos son declarados muertos, por la obediencia y la justificación del otro todos somos declarados vivos en Cristo Jesús, las repeticiones están en el verso 9, verso 10, verso 15, verso 17 y verso 19. Cinco veces la escritura dice mucho más. Adán echo a perder las cosas pero mucho más las arreglo Cristo pero eso es en esencia lo que está tratando Pablo de inyectarnos en éste capítulo. Jesús, o sea el Don, la gracia, no es el regalo de Dios está haciendo, una contraposición, una diferencia entre lo que es el pecado de Adán y la obediencia de Jesús y no es igual, no es igual porque la posición en Adán es heredada. Es sin opción usted fue puesto en Adán por imposición pero la posición en Cristo es por decisión. Por eso dice que el Don o la Gracia no son iguales a la transgresión. Su posición en Adán fue por imposición. Pero su posición en Cristo es por decisión.

Dios nos está mostrando cuan caballeroso es. Queremos que entienda algo acerca de la naturaleza de Satanás y la naturaleza de Dios. Al diablo no le importa su voluntad, el Diablo lo que quiere es dominarlo. Dios si le interesa su voluntad y no quiere dominarlo sino guiarlo. La naturaleza de Satanás es esclavizarlo, robotizarlo, pero la naturaleza de Dios es mostrarle su bondad, el camino, para que usted decida andar en ese camino. El diablo quiere obligarte, Dios quiere darte la oportunidad de que tu escojas el bien o el mal. Nadie puede decir que será cristiano hasta que Dios decida. Tú serás cristiano hasta que tú decidas. Dios no te hará la llave china para que te entregues a Su hijo Jesús. Dios nunca te hará eso. Hay una fuerza más poderosa en la tierra que la voluntad de Dios, y esa fuerza más poderosa es la voluntad del hombre. Porque la Biblia dice que Dios no quiere que ninguno se pierda pero el hombre se quiere perder e impone su voluntad sobre la de Dios diciendo, “si me quiero perder, me pierdo y qué”. Y Dios dice que su voluntad no es que yo me pierda. Pero Dios jamás ha impuesto su voluntad sobre nadie. El diablo si. El diablo quiere obligarte e imponer su voluntad. Pero la buena noticia es que tú no tienes que someterte a la voluntad del diablo. Dios le hablará, le mostrará, cuando olas consecuencias de una mala decisión se manifiestan. Si siembra marihuana cosechara lo mismo. Si siembra mal cosechará mal. No es que Dios diga, sembraste bien pero ahorita me las vas a pagar y afecte su siembra. Ni que Dios diga sembraste mal, y ahorita me aseguro de mandar alguna venganza.

Es una ley. El padre que esperaba al hijo pródigo no decía “Ojalá que ese muchacho esté aprendiendo la lección en el chiquero donde está” “quiero verlo enlodado y tirado con los cerdos, ahí lo quiero ver par que se humille y aprenda que yo soy su padre” el padre estaba triste, mas el padre lo esperaba. Cuando Dios ve a alguien mal, dice, “Por no haberme honrado te castigaré” Dios no hace eso, Dios corrige. Si lo hace. ¿Dios disciplina? Absolutamente que si. Pero no lo hace en la forma como nosotros pensamos.

Dios me ha hablado miles de veces a través de su Palabra y su Espíritu Santo y me ha corregido y me lo dice y me lo dice, y cuando no le hago caso me lo dice de muchísimas maneras. A ti también te lo dice, pero uno es necio y aún así Dios te habla por su Espíritu y su Palabra. La posición en Adán fue por imposición y la posición en Cristo es por decisión. Por eso es que el “Don” no es lo mismo que el “don”, no es como la transgresión.

Básicamente la ley se componía de dos cosas. De los sacrificios y de los mandamientos los cuales están interrelacionados porque si alguien no cumplía con los mandamientos tenía que hacer un sacrificio. Siempre que alguien erraba o no cumplía algo, si fallaba o volvía a fallar, tenía que hacer un sacrificio y había ofrendas y sacrificios de todo tipo y tenían que hacerlo. Hebreos dice que ese período de tiempo entre la ley y los sacrificios fue un período de tiempo que todo estaba apuntando hacia Jesús, porque todo el tabernáculo todo el altar, el lugar santísimo, toda la liturgia era una sola foto de Jesucristo, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, entonces todo lo que hacían los israelitas cuando fallaban y hacían un sacrificio, no guardaban el sábado y otro sacrificio, erraban y otro sacrificio, con esto estaban diciendo “con este sacrificio se cubren mis pecados” pero cuando se sacrificó el cordero de Dios, no cubrió tus pecados, vino a limpiar tus pecados. Si le vas a dar Gloria a Dios dale Gloria a Jesús.

Tú puedes ensuciarte y ponerte encima de tu ropa una ropa limpia, y quizá te veas bien. Pero abajo tienes una ropa sucia. En cambio Jesús vino a limpiarte. Si la ley, los sacrificios y los mandamientos eran como Jesús, porque él con su vida cumplió los mandamientos y con su muerte cumplió los sacrificios. Por eso en la cruz dijo “consumado es” con eso dijo he cumplido la ley. El dijo que el no vino a abrogar la ley sino a cumplirla. Esto significa para nosotros que así como Adán echó a perder a toda la raza humana por su pecado y su desobediencia, Jesús vino a cumplir perfectamente la ley de Dios para restaurar y redimir lo que se había perdido. A caso no dice la Biblia en Romanos “a mí se me inculpa de pecado como si yo fui el que transgredí la ley de Dios cuando Adán lo hizo ¿Acaso no me ve Dios así?” Dios me ve como si yo fui el que pecó aquel día, pero viene su hijo y cumplió todos sus mandamientos como si fui yo el que los cumplió todos, porque si a mi me inculpan como si yo fui el que pequé, a mi me justifican como si yo fui el que cumplí. ¿Puede usted ver el cuadro? Alguien dirá pero yo no estuve presente cuando Adán pecó, la buena noticia es: tampoco estuviste presente cuando Cristo murió en la cruz por ti, ah pero yo no hice nada malo, ese fue Adán, ah pero tampoco hiciste nada bueno ese fue Cristo. Dios es tan justo que cuando un hombre pecó, Dios en sus justicia y su santidad tenía que juzgar y condenar el pecado, pero es tan justo que cuando Jesucristo hombre cumplió, tenía que absolver el pecado. La justicia de Dios demandaba “he aquí peco, por cuanto todos pecamos, estábamos destituidos de la Gloria de Dios” pero Dios es tan justo que la obediencia de un hombre tenía también que absolver a todos. Si allá los condenó, aquí los tenía que absolver.
Si Dios juzgó con severidad lo que es más fácil, porque es más fácil desobedecer, cuántos saben que es más fácil pecar. ¿Qué es más fácil para usted, pecar o la obediencia? ¿Qué es más fácil para la carne? Nos pican las manos por desobedecer. A usted le dicen no mienta y siempre dice mentiras. ¿Qué es más fácil? Dios condenó lo que era más fácil porque obedecer es más difícil. Sí condeno lo que era más fácil, ¿Cómo no iba a premiar lo que era más difícil de hacer? Eso es lo que Pablo está tratando de decirnos en todo el capítulo cinco de Romanos. Está tratando de que nos identifiquemos. Algunos entienden claramente el crédito y se lo dan a Adán. Pero no han entendido el Mérito de Jesús. ¡Por culpa de Adán tengo que trabajar ahora! Y aunque no es eso. Trabajo ya había. Hay una corriente de gente que tiene una revelación clara del desastre que Adán causó, tiene una revelación clara de las maldiciones que trajo y de todo lo que afectó pero no tienen ni concepto de lo que Cristo hizo. Tienen bien en claro y predican claramente lo que Adán nos heredó. Pero muy poco entienden que si del poder de la desobediencia es tan grande, se imagina lo que es el poder de la obediencia. ¿Se imagina?

El verso 16 “Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó, porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación” lo que está diciendo es: un pecado provocó juicio para todos, pero una multitud de transgresiones (que son las nuestras) provocaron que Dios nos entregara algo incluso muchísimo más grande. Si un pecado trajo juicio entonces la multitud de transgresiones trajeron en Cristo Jesús justificaciones. La gracia de Dios es tan indescriptible. Tan grande. Un pecado causo estragos, y cuando sucedió Dios dijo voy a echar la casa por la ventana, no solo los voy a cubrir sino voy a hacer algo que deje al pecado avergonzado, escaso, corto y frustrado. Voy a hacer algo que si esto abundó, porque dice “a causa de la multitud de las transgresiones” mucho más abundó la gracia. Entonces Dios en su razonamiento dice “Esta masa es tan asquerosa, pero voy a hacer algo, algo que va a hacer que eso se vea pálido, que eso se vea chiquito, algo que va a hacer que eso caiga derrotado, y derribado, haré algo que hará que todas esas cosas juntas no puedan oponerse a lo que voy a hacer. Voy a enviar a mi propio hijo y en Él voy a cargar el pecado de todos los hombres. Nosotros pensamos en alguien que está realmente perdido, un drogadicto, jefe de mara, que ha asesinado a ciento cincuenta personas, que ha violado a quince niños, que ha extorsionado muchos negocios, mato a sus padres, a sus hermanos, un hombre sin escrúpulos, entregado al demonio mismo, qué cantidad de transgresiones en un propio vaso, pero Dios dijo “voy a hacer algo, tan poderoso que será capaz de agarrar a ese que está en multitud de transgresiones y lo levantará y lo limpiará y lo dejará como nuevo que avergonzará totalmente la transgresión de Adán, será pálida comparada a la obediencia de mi hijo Jesucristo, haré algo tan grande que va a pasar esa transgresión y multitud de pecados que la va hacer como nada. Cualquiera se pregunta ¿Cómo puede la Sangre de Jesús, tomar a un tipo como el que acabo de describir, y que aunque nosotros no lo creamos posible, y limpiar en el momento que ese tipo es tan puro y tan santo como Jesús? Y el pecado grita ¡No Puede ser! Pero Dios dice “Yo quería hacer algo que hiciera que el pecado quedara avergonzado con algo que podía realmente salvar al hombre” dígame un pecado, una transgresión, multiplíquela por cien, y aún así le digo no hay pecado que la Sangre de Cristo no pueda limpiar y no pueda perdonar. Eso es lo que el verso 15 está diciendo, Un pecado causó tanta porquería, tanta maldad, ¿Ustedes creen que eso es mucho? Entonces Dios dijo, voy a hacer algo que si es mucho, voy a hacer algo que va a cubrir todo eso, hasta el último hombre sobre la faz de la tierra, y si hubiesen marcianos alcanzaría para todos los siglos y los mundos existentes, porque así quiso Dios recompensar para rescatar la desobediencia de un hombre y poderle dar la oportunidad a alguien. Eso es lo que está diciendo.

Nosotros no lo hacemos así, por eso nos cuesta entenderlo, nosotros si alguien hace muy mal, hacemos lo mínimo. Si alguien se ve malicioso y nos pide para comer o ayuda, le damos una moneda y se la tiramos. Llamamos a la policía. Nuestro concepto es que esa persona merece lo mínimo que se le pueda dar. El concepto de Dios es a este lo voy a coronar de gloria, lo voy a lavar, lo voy a limpiar, lo voy a sentar en los lugares celestiales con Cristo, le voy a dar autoridad, lo voy a llenar del Espíritu Santo, y uno dice no, eso es demasiado, si es que la transgresión es mucha, pero el regalo excede a la transgresión.
Bendito sea nuestro Padre celestial, Bendita su gracia y su misericordia por lo que hizo con el hombre, Bendito sea el Señor, porque imagínese, Dios ya sabía que íbamos a pecar, eso es lo más tremendo. Jesús le dice a Pedro: tú me habrás negado tres veces antes de que el gallo cante, y lo sabía. Luego dice “dígale a Pedro que lo veré en Galilea, solo Dios puede hacer algo así. Cuando usted sospecha que alguien le va a fallar no le da una oportunidad más. ¿Entiende usted lo que esto significa? Las riquezas de su Gracia. Tal vez no recuerda que tan pecador era usted por eso siente celos del hombre que mencionamos y del perdón que se le otorga con la Sangre. Nosotros lo clasificamos como un gran pecador, pero Jesús cargó en él el pecado. Si Dios le dijo a usted un sí, no puede negárselo a ese tipo que describimos. Si perdonó la desobediencia de Adán tiene que premiar la obediencia de Jesús.

“Con el don no sucede como el caso de aquel uno que pecó, porque ciertamente, el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación” y eso es lo que hay que entender también. Dios no solamente restauró lo que se había perdido, Dios elevó al hombre a un nivel más alto. Dios nos dijo: “Antes estabas en Adán, pero yo te voy a restaurar en Jesús”. Si Dios condenó la desobediencia de un hombre, Dios tenía que darle más mérito a la obediencia de su propio hijo. Dios no podía ser muy severo aquí y más o menos benévolo aquí para igualar las cosas. Porque la desobediencia de Adán no se puede comparar con la obediencia de Jesús. Lo que Dios hace, es decir les voy a justificar lo que la justificación significa es la libertad de estar en la presencia del padre sin el sentimiento de pecado culpa o inferioridad. Lo que la justificación significa es hacerte tan puro y tan limpio como lo es su hijo Jesús. No sé que tan sucio fue Adán, pero estoy seguro que la pureza de Jesús le gana a la suciedad de Adán. A mi me dieron de herencia el pecado de aquel, ahora me dan la Justicia de Jesús. No se puede comparar el pecado de Adán con la justificación de Cristo. Hay un gran nivel de diferencia. Porque Dios dijo “Te elevaré a otro nivel”. Se siente mal cuando uno peca. No da gozo. Imagínese entonces que significa que le perdonen y le limpien, si una cosa es más grande que la otra. Se tiene conciencia del pecado y no de la justificación. Algunos oran como si no estuvieran conscientes en el lugar donde están, oran como si estuvieran todavía siendo de Adán, pero también son de Cristo, como si estuvieran en una frontera. El que realmente logra desarrollar una conciencia en Cristo puede orar con confianza, con convicción, con libertad que no existe en otro lado únicamente sentado en los lugares celestiales juntamente con Cristo. Solo ahí existe esa paz. Algunos dicen “tú sabes que no soy digno” pero están orando desde la posición de Adán. Al interceder no debe orar diciendo “Señor, no derrames tu ira sobre esa nación, no mires la maldad de tu pueblo” y Dios dice me hablas como si estuvieras en Adán, olvidas que derramé mi ira sobre mi hijo Jesús, porque creemos que Dios esta ahí en la orilla del trono esperando destruirnos. Dios no está así. Hace mucho tiempo Dios nos hubiera eliminado. Tampoco nos ha dejado de destruir porque alguien se paró en la brecha. No nos ha destruido y en Hebreos 7:25 dice “A la par del Padre está uno cuya sangre habla mejor que la de Abel” Ahí esta el cordero, el intercesor, ¿porque oraban Daniel, Jeremías y Ezequiel en ésa dispensación de esa forma?, oraban porque no había habido un sacrificio que quitara el pecado y tomara en Él cargada la ira de Dios. Pero nosotros tenemos la Cruz, no tenemos que convencer a Dios que por favor no nos mate, si antes que naciéramos ya merecíamos que nos mataran. Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se descarrió por su propio camino, mas Jehová cargó en Cristo el pecado de todos nosotros. Tenemos que entender y aprender a orar con el Padre desde el punto de vista de la dispensación que estamos viviendo. Sería una ofensa a la sangre del cordero darle tanto mérito a la desobediencia de Adán y no entender realmente la obediencia de Cristo. Eso sería una ofensa. Sería darle poder a Adán para echarnos a perder y que Cristo no tuvo tanto para restaurarnos.

Dios en este momento no está derramando su ira sobre el hombre. Dios abre una gran ventana de oportunidades y es el período que estamos viviendo nosotros. Es un período hermoso que se está terminando. Cuando Dios realmente juzgue al mundo no será por sus pecados. Los pecados del mundo ya fueron pagados, cuando Dios juzgue al mundo va a juzgar porque rechazaron tan grande oportunidad de salvarnos de limpiarlos, de hacerlos nuevas criaturas y ponerles en un lugar celestial y el mundo dijo “No” La luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas. El juicio no será por los pecados sino por haberle dicho a la sangre del cordero “no me importa, no lo quiero, no me interesa” porque el pecado ya fue cargado por Jesús. El problema de los que estábamos en Adán es que más que todo de Moisés para la cruz, es que todos estaban intentando agradar a Dios y justificarse por los sacrificios y guardar los mandamientos de la ley. Y obviamente ninguno pudo y eso lo sabemos. ¿Cree que cada vez que uno de ellos lograba guardar un mandamiento Dios decía “justificado” y después cuando ya no lo cumplía nuevamente quedaba fuera de la justicia. Usted cree que algún mandamiento que ellos hayan guardado les justificó por un ratito y luego los “desjustificaba” y luego los justificaba. A veces nosotros no entendemos el regalo de la justificación y la Gracia de Dios, entonces pensamos: “Tuve un mal pensamiento, ya no soy salvo” “Tuve una pelea con mi esposa, perdí mi salvación” Como si aquellos al hacer algo bueno estaban justificados y nosotros al hacer algo malo estamos fuera del ring. Algunos viven su vida bajo esa condenación todo el tiempo. Creen que es algo intermitente. Como deshojando la margarita “Dios me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere” pero la salvación no se pierde.

La salvación tienes que rechazarla y tirarte a vivir voluntariamente una vida de pecado. Pero si pecas y te arrepientes entonces no pierdes tu salvación. Si tienes un mal pensamiento no pierdes tu salvación, pierdes por un momento tu relación, tu comunión, pero debes arrepentirte. Te imaginas que todo el sacrificio que Cristo hizo, y si la salvación se perdiera con un mal pensamiento, en el momento final, tu tienes un mal pensamiento y suena la trompeta final y justamente tu te quedas porque en ese segundo tuviste el mal pensamiento. Si fuese así ¿Qué poder hay en ese sacrificio entonces? Hacemos nulo el sacrificio, le quitamos el poder, le quitamos la esencia por la cual Cristo vino a morir en la cruz.

¿No esta usted agradecido? ¿No siente usted deseos de amar a Cristo por el resto de la eternidad, y vivir por el por el resto de la eternidad con Jesús? Dan tantos deseos de amarlo, de postrarse a sus pies y decirle Gracias, mil gracias. En verdad Gracias.
No hay pecado que te separe de Dios si tu vienes a Él arrepentido pidiéndole que te limpie y te perdone. No hay pecado que Dios no pueda perdonarte. Tal vez los hombres no te perdonamos y te juzgamos con mayor severidad porque a los hombres se nos ha olvidado cuan bueno ha sido Dios con cada uno de nosotros. Tal vez nosotros pensamos que venimos a Cristo con un poco de pecado, tal vez otros tienen muchos más pecados que yo, pero la Biblia enseña que a quien mucho se le perdona, mucho se le ama. A mí, Dios me ha perdonado muchísimo.
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