lunes, 8 de febrero de 2010

Erick Muñoz - Venciendo A Tu Peor Enemigo, Parte I


Referencia bíblica: Romanos 7:18
El apóstol pablo escribe:

“Yo sé que en mi, esto es a saber en mi carne, no mora el bien porque tengo el querer mas efectuar el bien no lo alcanzo”
Si usted hace una encuesta a personas cristianas quien es su peor enemigo, la mayoría le dirán que es Satanás. La biblia dice que son tres enemigos los que tenemos. Satanás, el mundo y nuestra carne o sea, nuestra naturaleza de pecado. Satanás y el mundo no pueden hacernos pecar si nuestra naturaleza de pecado no lo permite. Si la logramos vencer, no debemos preocuparnos de Satanás y del mundo. Es a través de la carne que Satanás y el mundo pueden hacernos pecar. Vemos hacia afuera para buscar al enemigo y resulta que el enemigo esta adentro.

Mi peor enemigo es mi carne. La carne en sí no puede producir nada bueno ni agradar a Dios. La mejor forma de actuar o la mejor obra de justicia en la carne, para Dios es como un trapo de inmundicia, con mal olor y sucio.
Sólo hay una forma de producir buenas obras en nosotros. Dios no quiere nuestras obras. Quiere las obras de Jesús en nosotros. La única forma que podemos producir obras que agradan a Dios es metiéndonos en Cristo. Efesios 2 dice que Dios preparó de antemano buenas obras en Cristo Jesús para que nosotros anduviésemos en ellas.
Las obras de Jesús las podemos producir, Primero, naciendo de nuevo y segundo, a través de la palabra de Dios. (2ª. Timoteo 3:16,17) “Toda la escritura es útil e inspirada por Dios, es útil para enseñar, para corregir, para redargüir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre o mujer de Dios sea enteramente preparado para toda buena obra”.
Ningún pecador puede hacer una obra que Dios pueda recibir. Dios no va a aceptar nadie en el cielo por haberse hecho un mártir a favor de una causa o de un necesitado. La demanda de Dios es tan alta, la justicia de Dios es tan pura, Dios es tan santo que ninguno de nosotros ha podido cumplir esa demanda. El Único que pudo se llama Jesús. Por eso es que Dios ya no espera nuestras obras, sino espera las obras de Jesús en nosotros.

Hay dos enseñanzas extremas en relación a la carne en la antigua Roma. La primera dice que en nosotros mora la naturaleza carnal a tal grado que no podemos hacer absolutamente nada y que lo único que podemos hacer es obedecer a la carne porque estamos bajo ese dominio. Es una enseñanza extrema. El otro extremo que se enseñaba en Roma era que no existía tal naturaleza, que era un término meramente teológico. Hoy en día hay cristianos que piensan así: “sí donde sobreabundó el pecado, sobreabundó la gracia, pues pequemos”. A esto Pablo dijo: “De ninguna manera”.
Otro extremo es cuando los cristianos creemos que, al tener problemas con la carne, por el hecho de pasar al altar para oración se elimina. La carne no se puede reprender diciendo “Reprendo el espíritu de malas palabras”. Un ejemplo: Si se exprime un tubo de dentífrico, sale dentífrico. Porque eso contiene el tubo.
El trato con la carne es un proceso permanente. Jesús dijo: “Si alguno quiere seguirme, quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” El proceso de negarse a sí mismo debe ser constante.
Al hablar de las tentaciones de la carne, no nos referimos únicamente a pecados inmorales. Pablo le dice a los corintios en la 1ª. Carta, capítulo tres, “Acaso no sois carnales siendo celosos, habiendo entre vosotros contiendas, iras, disensiones” El ser carnal no es únicamente un acto de inmoralidad. Si la ira o los celos te controlan, eres carnal. Si eres agresivo, o dominado por tus sentimientos eres carnal.
Existe la naturaleza del pecado que se manifiesta en la carne. No se puede reprender a la carne con una oración y librarse de ella.
A veces los cristianos nos gusta que alguien ore por nosotros intensamente, porque no queremos ni leer, ni sujetar, ni renovar la mente, ni dominar nuestra carne, ni tomar una buena decisión, solo queremos que nos impongan manos y listo pues lo demás exige que todos los días yo rinda mi voluntad a Cristo y eso nos parece complicado. Vencer al peor enemigo que es la carne, es una tarea de todos los días. Y para poder vencerlo hay que conocerlo.

Romanos 5:12 / 5:18
“Por tanto, como el pecado entro en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte así la muerte pasó a todos los hombres por cuanto todos pecaron” “Así que como por la transgresión de uno, pido la condenación a todos los hombres, que la misma manera por la justicia de uno, vino a todos los hombres la justificación que produce vida” Pablo en el versículo 12, enseña que a causa de la desobediencia de un hombre, vino la muerte, y pasó por todos nosotros. Luego en los siguientes versículos abre un paréntesis para explicar a qué se refiere con que el pecado original produjo la muerte y nos afectó a todos. Nos detenemos en este paréntesis porque en el verso 18, Pablo vuelve a tomar el mismo pensamiento.
Veamos lo que explica en los versos 13 al 17: “Antes de la ley, ya había pecado en el mundo, pero donde no hay ley no se inculpa de pecado” El apóstol simplemente esta diciendo: -Quiero contarles hermanos, quiero que entiendan el proceso de la naturaleza del pecado- “ha habido un grupo distinto de personas como ningún otro sobre la tierra, ha habido un grupo de personas diferente que le tocó vivir una época distinta a cualquiera de nosotros. Y ese grupo de personas, comienza desde Adán hasta Moisés” La ley vino con Moisés. Desde Adán hasta Moisés no había ley. Pablo dice: Donde no hay Ley si hay pecado, pero no se inculpa como pecado. Pecado había desde Adán, pero Pablo dice que este grupo de personas, Adán, Set, Caín, Abel, Abraham, Isaac, Jacob, Lavan etc. ninguno tenía concepto ni conciencia que existía algo llamado “La naturaleza del pecado o la esencia del pecado original”. Sí entendían que pecaban, pero no entendían por qué lo hacían. Esta gente no fue inculpada de pecado. Porque sí pecaron pero no entendían por qué. No sabían qué era lo que estaba pasando.
“No obstante aunque ellos no sabían que eran pecadores por naturaleza, la muerte reinó en ellos” No importó el no saber el por qué, de todas formas cosecharon las consecuencias del pecado, porque la paga del pecado es la muerte. Entonces Dios, cuatrocientos treinta años después de Abraham, Dios introdujo la ley. La ley vino para mostrarnos dónde estaba el origen y la naturaleza del pecado” La ley decía, “guardarás el sábado, no trabajarás el día de reposo, No comes esto, haces esto, no haces aquello” El hombre entonces empezó a querer guardar la ley y lo que notó fue que el problema se agravó tanto, que por más que intentaban solucionarlo, no lograban. El hombre se frustró. Noto que era imposible erradicar el pecado con la ley. Y eso es lo que Dios quería hacerle entender al hombre, que por más esfuerzo que hiciera para erradicar por su propia cuenta el pecado no pudo. La ley vino para revelarnos el pecado. No para revelar “los pecados” sino El pecado.


La ley vino a mostrar dónde estaba la raíz del pecado.
Romanos 7:16

“Si lo que quiero eso hago, apruebo que la ley es buena” Hay más pecado que poder de erradicarlo por nuestra cuenta. La ley vino a mostrar que el hombre tiene una naturaleza de pecado. El hombre no es pecador porque peca. El hombre peca porque es pecador. El hombre no nace justo, y el día que comete su primer pecado ese día se vuelve pecador. El hombre nace pecador y ya trae la naturaleza de pecado. Un bebé de tres meses ya trae la naturaleza de pecado y sí usted se va a ir al cielo, no se preocupe, irá por la misma razón que quienes no entendían la ley, aunque pecaron, no tenían conciencia que eran pecadores, sino que hubo fe expresada en cosas que Dios les mostró, que eran anti tipos de Jesús y esa fe Dios se las tomó por justicia. Así si un niño de tres meses, si se muere, va al cielo. Ya era pecador por naturaleza.
¿En qué momento se convierte un perro en perro? ¿Al abrir los ojos? ¿Al ladrar? Si nace perro, es un perro. No va a volverse perro en el momento de ladrar sino al contrario, va a ladrar porque su naturaleza canina es esa. Igualmente el hombre, no se vuelve pecador en el momento que peca, ya venía pecador desde su nacimiento por motivo del pecado de Adán pues esa fue la herencia de Adán para la humanidad, la esencia del pecado. Por eso Pablo dice, “En mi está el querer, pero no el hacer, Yo veo esta ley en mí, que lo bueno que quiero hacer no hago y lo malo que no quiero hacer, eso termino haciendo”

Pecadores morales y santos carnales.
Hay pecadores morales. (Al decir pecadores, me refiero a personas que no conocen a Jesús, porque quien está en Cristo Jesús, ya no es un pecador, aunque peque) No fuman, no beben, no son infieles, no roban, no mienten, se portan bien, dan ofrendas, ayudan a los necesitados. Alimentan a los pobres. Estos pecadores morales piensan que por cada una de esas obras Dios está acumulándoles puntos. Lo que no saben, es que por cada una de esas obras Dios dice “Apesta”. Así lo dice la Biblia. Apesta a ratón muerto.
Hay santos carnales. Hay santos, que han sido perdonados, han sido limpiados aunque estén actuando como si fueran pecadores. Estos santos carnales no son muy distintos a los pecadores morales. Los santos carnales se sienten mal, entonces dicen: Tengo que hacer algo, “Voy a meterme al coro para servirte” y después de un tiempo le pasa igual que a Pablo, “Y lo que no quiero hacer eso hago” entonces dice: “mejor me meto de ujier, y al coro, y al ministerio de sonido, y con los niños, tal vez así logro aplacar mi conciencia” como lo hace un pecador moral. Piensa que por ayudar a los pobres o portándose bien, Dios le dejará entrar al cielo, porque no es como los demás hombres, y por otro lado, el otro golpeándose el pecho dice, “se propicio a mi pecador Señor”. Son similares, son distintos pero actúan igual. En mundos o arenas distintas actuando igual.

La ley se introdujo para demostrar el origen del problema. La ley vino y nos dijo de dónde salía el pecado.. Entonces le dijimos a la ley “ayúdanos a erradicarlo” la ley dijo: No vine a erradicarlo, viene a demostrar dónde está y a demostrar quién sí puede erradicarlo. Es Jesús. Por eso es que las buenas obras de las que Dios habla son “En Cristo Jesús” preparadas desde antes de la creación del mundo. El propósito de la ley no era que se cumpliera. Dios ya sabía que nadie la iba a cumplir. Mañana y tarde se hacían holocaustos y se mataban becerros, días especiales, restricciones y prohibiciones y el pecado continuaba, resultando frustrante, no se podía, pues exactamente eso era lo que Dios quería mostrar, demostró cuán sucio es su pecado, cuán alta es su demanda, cuán Santo es Él, cuán perdidos estamos y cuánto nos ama.
Romanos 5:20 “La ley pues, se introdujo para que abundara el pecado” La ley vino para mostrarnos que no podíamos con tanto pecado. Al abundar el pecado sobreabundó la gracia.
Romanos 5:14 “No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aún en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir” Este grupo de personas, desde Adán hasta Moisés, dice Pablo que a pesar de que no pecaron en la misma forma que pecó Adán, sí sufrieron las mismas consecuencias que sufrió Adán, quien sufrió la muerte al igual que a ellos, a Adán le cayó la naturaleza de pecado, a ellos también, Adán no estaba consciente de su naturaleza de pecado, ni ellos tampoco. No pecaron en la misma manera. Nadie ha pecado nunca jamás en la misma forma que Adán pecó. Porque Adán pecó sin naturaleza de pecado. Adán no pecó de adentro hacia afuera. Nosotros hoy pecamos porque tenemos la naturaleza de pecado, Santiago dijo: Cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Fue diferente porque Adán pecó por contacto directo con Satanás. Literalmente Satanás fue, le habló, lo hizo pecar hablándoles en un contacto directo. Nosotros no pecamos por contacto directo con Satanás, de hecho ni lo necesitamos para pecar. Lo que Satanás sembró en Adán fue la naturaleza del pecado. Fue la herencia de Adán para la humanidad, al punto que Satanás no tiene que ir con cada uno de nosotros tocando cada puerta a presentar sus tentaciones.

Adán pecó de manera distinta por las siguientes razones:
Primero: Adán pecó sin naturaleza de pecado. Nosotros pecamos por la naturaleza de pecado.
Segundo: Adán pecó por contacto directo con Satanás. Nosotros no necesitamos al diablo para pecar.
Ni los demonios tienen que molestarse para hacernos pecar. Lo llevamos por dentro. No culpe al diablo ni al demonio, es su propia naturaleza la que le domina.
Tercero: Adán se volvió pecador por decisión. Nosotros por nacimiento. Nosotros nacimos etiquetados como pecadores. Adán ejerció su libre albedrío para volverse pecador. Nosotros nacimos en pecado, pero, si el libre albedrío sirvió para constituir a alguien pecador, hoy el libre albedrío es lo que sirve para que alguien deje de ser pecador. Por eso no se puede nacer cristiano. El decir “Soy cristiano desde que nací” es improcedente. Porque el cristiano decide serlo. Una decisión de Adán nos constituyó pecadores y una decisión tuya puede constituirte en un Santo, en un Redimido. Nadie nace salvo. Nadie nace cristiano. Todos debemos escoger nuestra salvación.
Cuarto: Nadie ha pecado de la misma forma que Adán, porque él nos pasó a todos la naturaleza de la carne, por el contrario nosotros la heredamos. No la produjimos. Así que no necesitamos al diablo para pecar.

Solo hay una sola persona que pudo haber pecado de la misma forma que pecó Adán pero escogió no pecar. La misma situación que se dio con Adán, se dio con Jesús. La primera confrontación que registra la Biblia de Jesús siendo tentado en Mateo 4 tiene que ver mucho con la primera tentación de Adán. El fruto era agradable a los ojos, codicioso, agradable para comer. El fruto prohibido no es el sexo. El pensar que la manzana roja se refiere al sexo es un error. Porque Dios mandó a Adán y a Eva a reproducirse y lógicamente tenían que ejercer la sexualidad. Este pensamiento es meramente un mito, incluso ni siquiera habla de una manzana, es un fruto. Así como Adán fue tentado con algo visible y que era para satisfacer, Satanás también tienta a Jesús diciéndole que las piedras se conviertan en pan. La primera prueba de Jesús que se conoce fue marcada por una batalla donde Jesús dijo tres veces lo que estaba escrito. Ese fue el error de Adán. Haber dudado. Y la única forma de enfrentar una situación así es con lo que está escrito. Si tú no usas la espada del espíritu que es la palabra de Dios, las buenas intenciones fracasan. Usa la Palabra de Dios como una espada.

Puedes ser la persona más buena del mundo, pero estás condenado, puedes ser la persona más mala del mundo y tienes una oportunidad de salvarte. Dios sabe que entre tanto pecado tu no puedes salvarte solo. Dios sabe que el pecado siempre estará. Lo que Dios quiere mostrarte esta noche, es que una decisión condenó al hombre, una decisión le salva también. Es absurdo rechazar esta oferta. Lo único que te puede condenar es rechazar a Jesús como Señor y Salvador. Si quieres ser salvo, Acepta a Jesús en tu corazón. Si no sabes lo que sucederá contigo al morir recibe a Jesús. Ni el alcoholismo, ni la droga, ni el adulterio ni ningún pecado te llevará al infierno, solo rechazar a Jesús. Si no sabes en que punto va tu relación con Jesús, acepta a Jesús en tu corazón. Así como eres, así Dios te conoce, te ofrece salvación en Cristo Jesús. Hay una ventana grande de oportunidad llamada Gracia de Dios, no le debes nada a Dios si dejas que Jesús te limpie con tu sangre, vas a quedar limpio como si nunca hubieras pecado, te va a lavar su sangre que te limpia de toda maldad. Escoge la vida, la bendición, la salvación, escoge a Jesús.
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