miércoles, 4 de noviembre de 2009

Erick Muñoz - El Aceite Y El Vino


Lucas 10:34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.

I. El aceite y vino son cuadros proféticos en la Biblia.
En este pasaje, el buen samaritano es Jesús, quien posee 2 elementos: aceite y vino. Ambos son “dos caras” o funciones que el Espíritu Santo opera en la vida de quien se lo permite: 1) Nacer de nuevo. 2) Revestimiento de poder, llenura, bautismo.

Nacer de Nuevo. Juan 3:5 es claro al expresar que nacemos del agua y del Espíritu, es decir, no se puede nacer de nuevo sin Él. Y un símbolo bíblico del Espíritu es el aceite.
El poder a causa del vino celestial, es tenerlo a tal grado que esté con usted, en usted y sobre usted. Algunos están felices de tenerlo con ellos, otros de poseerle en ellos; pero Él anhela estar también, sobre nosotros.

Mateo 9:17 expresa que no se puede llenar a alguien con el Espíritu Santo si, primero, esta persona no ha nacido de nuevo; ahora cobra sentido leer que el buen samaritano lleva consigo, aceite y vino.

Contexto:
Los antiguos se referían a un odre sin utilizar, hecho de cuero, el cual, al no dársele el mantenimiento, el efecto sería ceder, secarse, como ocurre con las chumpas (chaquetas) de cuero (o la que le vendieron como de cuero…). Lo que se indica es que no puede utilizarse uno de esos recipientes en ese estado, seco, quebrado, con rajaduras, porque terminaría de romperse al llenarlo con vino. La forma de rescatarlo, pues, era ungirlo con aceite para devolverle su flexibilidad, docilidad ¡y entonces, llenarlo de vino!

Así que necesitamos ambos elementos. En Lucas 10, Jesús está interesado en ministrar ambas cosas. Observe cómo Él, en la figura del buen samaritano, llevaba dentro de su equipaje tanto aceite como vino. En otras palabras, no se trata de escoger cuál de los dos preferiré sino de dejarse y “ceder” a ambos. No hay opción de decir, “es que a mí, Dios no me preguntó cuál de los dos deseaba”. Escrituralmente, eso (ya) lo decidió Él.

Repito, se trata de un cuadro profético: ¡curó las heridas con aceite y vino juntamente! Entonces, la llenura del Espíritu Santo no es menos importante para Dios que el nacer de nuevo. El Espíritu Santo causa tu nueva vida, pero también quien te la llena. Observe, el regalo de Dios para el mundo es Jesús y el regalo de Jesús para la iglesia, es el Espíritu Santo. ¿Cómo entonces juzgas al mundo por no recibir a Jesús, cuando tú, iglesia, no deseas al Espíritu Santo? (Es como ese dicho acerca de que por cada dedo que señala, habrá siempre tres retrospectivos apuntando hacia uno mismo).

II. Escrituras y Cuadros Proféticos del Aceite y el Vino:

1. Éxodo 29:38-40. El Cordero se refiere a Jesús. Se observa que se ofrecería 1 litro de aceite y 1 litro de vino como acompañantes a la ofrenda del Cordero. Se indicaba que Jesús, el Cordero, traería, tanto aceite como vino para salvarte y darte poder Hay cristianos en cuya escala de 1 a 10, le atribuyen a ser salvos un diez; sin embargo, a ser lleno del Espíritu con un tres solamente. Eso no es bíblico.

2. Números 18:12 (iniciando en el versículo 11) Se nos habla del sustento sacerdotal. Apocalipsis 1:6, para quienes no levantan la mano muy convencidos de su posición sacerdotal por medio de Cristo hoy en día, nos dice que Jesús nos hizo “reyes y sacerdotes para Dios el Padre” ¡Aleluya! Podemos ofrecer alabanza, sacrificio, adoración, somos de casta sacerdotal. Como tal, necesitas todo el sustento que Dios tiene para tu vida: lo mejor de la salvación y lo mejor del revestimiento de poder. Sólo así, Él podrá levantar tu cabeza sobre tus enemigos y cuando abras la boca, Él cumplirá, “Yo la llenaré”. ¡Esto es una urgencia!
¡Vamos, iglesia! ─Usted es sacerdote aunque no tenga parroquia, usted posee un oficio sacerdotal; como Pablo lo entendía, podemos ofrecer un “incienso de olor fragante”. Así que no se asuste, usted es un sacerdote para Dios. Por medio del Sumo Sacerdote, Jesucristo, podemos entrar al Lugar Santísimo ¡Qué privilegio! (“Qué cuello” ─tener favor grande─) y por supuesto que no se debe a lo que usted y yo hemos hecho. (O dígame si no es así, yo lo conozco bien y por eso pienso “no lo merece”,
pero no se engañe, usted también opina lo mismo de mí ¿verdad?).

En la parábola den buen samaritano encontramos 2 personajes más: un sacerdote y un levita. Sin embargo, ambos fueron incapaces de ayudar al herido.
El sacerdote representa a la Ley de Moisés, la cual no pudo ni salvar ni llenar con poder a nadie (ni puede hacerlo). ─Quizá no quiso─. Siguió su camino. (¡ Y es que el Único que la llevaba vino y aceite era el buen samaritano, en todo caso!). En otras palabras, tú no puedes experimentar la salvación a razón de tu obediencia o de tus muchos esfuerzos, sino la recibes por la obediencia de Jesús. La salvación no se gana, no se merece; tampoco es así el bautismo del Espíritu Santo.

El levita se refiere al movimiento sacerdotal de la tribu de Leví, es decir, un grupo, casta, élite especial. En otras palabras, tú no tienes que ser un líder o ministro para que Dios te llene con Su Espíritu, o ser de una estirpe especial. Comprenda, los cristianos somos gente bendecida.

Algunos creen que los judíos son los más benditos, pero la Biblia dice que en Jesús, la pared de separación cayó y tanto judíos como gentiles son ahora una sola nación, sin diferencia alguna. Así que si un judío es bendecido yo más, en Cristo.

Muchos se consideran indignos de recibir el bautismo del Espíritu Santo. (Debemos entender que al igual que nacer de nuevo, no es algo que se pueda merecer o comprar). Voy a compartirle mi experiencia, no como para establecer una doctrina, sino animarle; pues hubiera deseado escuchar este tipo de enseñanza, pero a mí nadie me explicó. De ese modo, me convencí de que ayunando podría “comprar” ─el ayuno vino a ser la moneda de cambio─ la llenura del Espíritu. Trataba de comprar
lo que no estaba en venta; pero nunca llegó aunque ayuné mucho, creo que trataba de causar lástima en Dios. No vino.

Luego, alguien sugeriría, “necesitas santidad en tu vida, pues Él es un Dios Santo”… Así que me empeñé: Santidad, santidad, santidad. (y entonces me ocurriría, como alguien escribiera una mañana “no he pecado, no he tenido malos pensamientos, no he peleado con otros… pero ahora me levanto y veremos cómo irá…”. (¡!). Creemos equivocadamente que el Espíritu Santo es un premio a obtener por ser santos. Observa, sin embargo, que tu santidad apesta. (Y no me veas con esa cara de santo porque te conozco, te he visto ─¡¿en el espejo?!─). Te conozco.

III. Cierre: Dios condena que tratemos de comprar sus dones.
En Hechos 8 encontramos a Simón el mago quien pretendió escribir un cheque para obtener un don de Dios. Pedro le respondió “tu dinero perezca contigo” ya que entendía que «el don de Dios no se puede comprar con dinero».

El Bautismo del Espíritu Santo es un don pues está escrito “y recibiréis EL DON…” Se trata de un regalo (aunque se oye muy obvio, es un regalo gratis). Por cierto, cuando usted escucha las promociones comunes de “si presenta las bolsas vacías de su producto le damos una palangana (casuela) completamente gratis” eso es falso. Cuando usted presenta el mínimo esfuerzo, aún una inservible bolsa vacía, usted ya hizo algo, ya compró.
Por otro lado, considere al benefactor, cómo se sentirá si usted trata de “pagarle” el obsequio otorgado ya sea ofreciéndole una taza de café, o unos cuantos tomates… ─usted trata de “compensar-comprar” el favor recibido─… La Biblia dice que Dios es bueno, que hace salir Su sol y lluvia sobre buenos y malos. Así que Él le dirá “quédate con ello, no te recibo ni tus tomates, ni tu cafecito”. Como lo expresa Joyce Meyer, “vaya y sea bueno con alguien sin ninguna causa y entonces se parecerá a Jesús”.

Todos tenemos una necesidad triple: Necesito al Espíritu Santo CONMIGO; necesito al Espíritu Santo EN mí y necesito al Espíritu Santo SOBRE mí (rebalsándome). ¿Cuántos hoy desean beber de ese vino? Venga a recibir.
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